Autoconocimiento y autodescubrimiento: quién soy realmente
Descubre quién eres realmente a través del autoconocimiento. Aprende por qué conocerte es la base de tu autoestima, cómo iniciar el proceso de autodescubrimiento y qué herramientas prácticas pueden ayudarte a construir una relación sana contigo mismo/a.
¿Quién eres?
Había una luciérnaga que, al mirar al cielo nocturno, envidiaba a las estrellas. Soñaba con brillar fija y eternamente como ellas. Intentó quedarse quieta, contener su parpadeo, incluso dejó de moverse por entre las ramas para parecerse más a ellas.
Una noche, en medio de la oscuridad del bosque, un búho se le acercó y le preguntó: —¿qué te ocurre? ¿Por qué has dejado de alumbrar por allí? Sin tu luz, algunos no podemos movernos por el bosque sin chocarnos con los árboles. —El búho señaló hacia una zona del bosque que estaba sumida en la penumbra.
Entonces la luciérnaga comprendió algo muy importante: su luz no era para estar quieta en el cielo, sino para bailar entre los árboles, para guiar a los viajeros que se habían perdido y para dar vida a la noche desde el suelo. No era una estrella…, era una luciérnaga y su chispa fugaz era única e imprescindible.
¿Quién soy? ¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Te lo has preguntado recientemente? ¿Tienes alguna duda sobre ti mismo? ¿Te gustas? ¿Cómo te tratas, bien o mal? ¿Te aceptas? ¿Sabías que conocerte a ti mismo es la base de tu autoestima? ¿Quieres saber quién eres? Vente conmigo hoy para autodescubrirte. ¿Comenzamos?
"Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta"
(Carl Gustav Jung)
¿Quién soy yo?
Comienzo con la pregunta que te hice al principio: ¿sabes quién eres? ¿Quién eres? Párate un rato a pensarlo. No me respondas rápido y sin reflexionar. No me digas: "soy psicóloga", "soy maestro", "soy médico", "soy enfermera"… Tampoco me vale que me digas: "pero Lucía, ¿cómo no me voy a conocer si convivo conmigo mismo/a?"… Si bien es cierto que tienes más facilidad para conocerte que otras personas, más acceso a información privada y pensamientos, lamentablemente, no siempre nos conocemos mejor que los demás. Podría ser que otras personas nos conozcan mejor que nosotros mismos. Qué fuerte, ¿no?
Hay un famoso diálogo entre Alejandro Magno y el filósofo Diógenes que dice así:
Diógenes estaba sentado en su tonel mientras todo el pueblo se acercaba a saludar y a admirar al gran Alejandro Magno. De repente, éste se acerca a él, y ante la absoluta indiferencia mostrada por Diógenes le dijo: —Quería mostrarte mi admiración. Pídeme lo que quieras; puedo darte cualquier cosa que desees. —Diógenes respondió: —Querría pedirte que te apartaras, pues me tapas el sol. —Tras aquel curioso y bizarro encuentro, Alejandro quedó tan afectado que decía: —Si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes.
Diógenes tenía un conocimiento tan profundo de sí mismo, de lo que realmente necesitaba y valoraba, que ni el poder, ni la riqueza, ni la fama lo seducían. Esa firmeza interior, ese carisma y autoconocimiento tan radical, fue tremendamente poderoso, tanto, que incluso Alejandro el Grande, lo admiró.
¿Por qué es importante saber quién soy?
¿Cómo de importante es conocerse? Si yo no me conozco bien y aquí estoy… ¿De verdad es tan importante conocerme a mí mismo/a?
El autoconocimiento es esencial; es la base de nuestra psique, el cimiento sobre el que construimos nuestra autoestima y nuestras relaciones. El desconocimiento de uno mismo es el punto de partida de muchos de los problemas psicológicos y emocionales.
Los beneficios del autoconocimiento
Aumenta la motivación y el sentido de propósito: cuando te conoces y sabes lo que quieres y necesitas, tienes una meta y te motivas, te mueves, para llegar a ella. ¿Sabes qué es realmente lo que te mueve? ¿Conoces cuál es tu propósito en la vida?
Facilita la toma de decisiones: puesto que conoces tus valores y objetivos, tus capacidades y limitaciones, tomar decisiones te resulta más sencillo y eficiente puesto que no te dejas abrumar por impulsos momentáneos ni presiones externas. ¿Te has sentido alguna vez vacío/a después de hacer algo que se suponía que te iba a hacer feliz?
Mejora las relaciones personales: sabes lo que quieres y lo que no quieres, esto te ayuda a la hora de poner límites sanos, a la hora de comunicarte, algo esencial para relacionarte con los demás. Exiges respeto, empatizas y dejas de proyectar tus inseguridades en otros. Además, actúas según tus necesidades y no las de los demás. Todo esto mejora la autoestima. ¿Alguna vez te has enfadado con otra persona porque te ha hecho algo que a ti no te ha gustado, pero no has hecho nada para remediarlo y la relación se ha roto?
Reduce la ansiedad y el estrés: comprender tus emociones, tus patrones de pensamiento y tus necesidades internas ayuda a regularte mejor. Si no sabes qué es lo que mejor te funciona cuando te estresas o cuando te enfadas, ¿cómo haces para volver al equilibrio? ¿Conoces las situaciones que suelen ponerte nervioso/a?
Favorece el bienestar general y la salud mental: si te conoces y actúas en consecuencia, atendiendo a tus necesidades y colocando tus límites adecuadamente, obviamente, te vas a sentir bien en tu vida. Tendrás una mayor autoestima, serás menos crítico contigo mismo (me refiero a la crítica destructiva) y estarás más satisfecho/a con tu mundo interior y exterior.
El primer paso hacia el amor propio
Acabamos de ver los beneficios que conlleva el autoconocimiento, sin embargo, hay uno más que quizá sea el más importante y que no mencioné antes porque el autoconocimiento no lo garantiza pero sin él, tampoco lo alcanzaríamos. Estoy hablando del amor propio.
El amor propio es, en palabras breves, cuánto te quieres. Por su parte, la autoestima es cuánto crees que vales. No son lo mismo aunque están relacionadas. Quería hacer la distinción antes de continuar. Entonces, si no te conoces, no te puedes amar pero, ojo, el hecho de conocerte no garantiza que te vayas a querer. Vamos a ver esto más en profundidad:
Imagina que vamos tú y yo de paseo por la calle y pasa por nuestro lado una persona (hombre o mujer, como prefieras), y yo te digo: —te ordeno que ames a esa persona. Ahora, ya. —Seguramente pienses que estoy loca, ¿cómo me pides que quiera a alguien que no conozco? Exacto. No podemos amar aquello que no conocemos.
Ahora imagina que te conoces, que sabes lo que quieres y no quieres, entiendes cuáles son tus puntos fuertes y débiles… Te pregunto: —¿te gusta ser quien eres? —Tú me respondes: —no, no me gusta esto, no me gusta lo otro… —Efectivamente, conocerse es esencial para quererse pero no garantiza que te vayas a querer. ¿Qué rollo, verdad? Pues sí, ojalá fuera más sencillo.
¿Qué tengo que hacer para quererme? Para quererte tienes que aceptarte, respetarte. Empieza a respetarte hoy, a hablarte bonito, a tratarte con cariño…, y el amor propio vendrá. En resumen, vamos a crear una fórmula que ilustre todo esto de forma sencilla:
Autoconocimiento + Autorespeto = Amor propio.
El autoconocimiento es el espejo en el que te miras. El autorespeto es mirarte en él sin romperlo. El amor propio es sonreírle a tu reflejo.
Este proceso de conocerse no es algo que suceda de la noche a la mañana y tampoco es finito, dura toda la vida. Estamos en constante cambio y, por tanto, también en constante búsqueda del equilibrio, en constante búsqueda de nuestro nuevo yo en esta nueva etapa. ¿De qué etapas estoy hablando?
Las etapas psicosociales del desarrollo
El psicólogo Erik Erikson propuso 8 etapas por las que transitamos a lo largo de nuestras vidas. Él las llamó "etapas psicosociales". En cada una enfrentamos un conflicto que define cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos relacionamos con el mundo. Es por esto que me gusta relacionar las etapas de Erikson con la identidad y el autoconocimiento porque durante determinados periodos de nuestras vidas nos vemos obligados a preguntarnos: ¿quién soy? ¿Estoy siendo fiel a mí mismo/a?
Las etapas en las que el autoconocimiento se dispara son las siguientes:
Adolescencia: etapa de la Identidad vs. Confusión de roles (12-18 años). Es la etapa de la primera gran crisis de autoconocimiento. Aquí empiezas a separarte de lo que tu familia, escuela o sociedad dicen que eres para buscar tu propia voz y diferenciarte del resto. Durante este periodo, la pregunta que más nos hacemos es: ¿quién soy yo?
Adultez temprana: etapa de la Intimidad vs. Aislamiento (20-35 años). Es la etapa en la que el autoconocimiento es esencial para crear vínculos reales. Aquí te preguntas: ¿qué puedo hacer para abrirme al otro sin perderme a mí mismo, para unirme al otro sin perder mi identidad?
Adultez media: etapa de la Generatividad vs. Estancamiento (35-55 años). Es la etapa existencial; ya no solo se trata de crecer, sino también de tener un propósito. Los títulos, logros o rutinas ya no bastan y te preguntas: ¿es esto todo? ¿Esto es lo que soy? ¿Estoy dejando huella? ¿Estoy siendo útil o solo estoy sobreviviendo?
Adultez tardía: etapa de la Integridad del yo vs. Desesperación (55+ años). Es la etapa del balance, de revisar la historia de tu vida, integrar luces y sombras, así como soltar lo que no pudiste cambiar. Aquí te preguntas: ¿puedo mirar mi vida con aceptación o solo con arrepentimiento?
Las etapas de la vida son como estaciones de tren. Tarde o temprano vas a llegar a cada una. Si nunca preparaste tu equipaje, si no sabes a dónde vas, si no entiendes por qué viajas, vas a bajar del tren confundido, perdido o ni siquiera te vas a dar cuenta de que llegaste a la estación. Conocerte es preparar ese viaje (que no ayudarte a saltar estaciones), haciendo que valga la pena vivir plenamente cada etapa.
La consecuencia del autoDESconocimiento
¿Qué sucede si no me conozco? Desconocer quiénes somos genera un vacío interno porque:
No quieres estar contigo mismo. Imagina que entras en el ascensor con un desconocido. ¿A qué no sabes de qué hablar con él o ella? ¿A que estás deseando que llegue el ascensor a tu planta o que se baje el desconocido? Exacto, si no te conoces, te desagrada estar contigo mismo, los silencios te incomodan, reflexionar sobre ti o hacer una introspección te disgusta.
Vivimos una vida sin sentido. Si no te conoces, no sabes lo que quieres y si no sabes lo que quieres, no puedes ir a por ello. Una vida sin metas ni objetivos es una vida vacía, sin rumbo, sin sentido.
¿Qué sucede cuando te sientes vacío? ¿Qué sucede cuando quieres o necesitas algo y no sabes qué? Que intentas llenar ese hueco, ese vacío con lo que sea: alcohol, pantallas, relaciones tóxicas, experiencias de riesgo… Lo que sea que te de vida, que te de dopamina, que te distraiga de quedarte a solas contigo.
Deja de huir de ti, atrévete a entablar una relación contigo mismo. Escúchate.
¿Necesito conocerme?
Todos estamos en constante aprendizaje de quiénes somos, es decir, todos necesitamos conocernos a nosotros mismos pero hay personas que huyen activamente de sí mismas, de ese aprendizaje. Entonces, ¿cómo sé que yo soy una de esas personas que huye de sí misma? ¿Cuáles son las señales que me indican que tengo que autoconocerme mejor?
Te cuesta describirte o lo haces desde tus roles, es decir, desde lo que haces, no desde lo que eres: soy psicóloga, soy mamá, soy el amigo que siempre está ahí… ¿Cuál es tu esencia más allá de tus funciones y papeles en la vida? Porque sí es cierto que eres mamá, y amiga, y mujer, y profesional…, pero eres mucho más que aquello que haces en tu día a día. Si pierdes tu trabajo y ya no eres una profesional, ¿quién eres?
Te etiquetas: soy muy habladora, soy un desastre, soy un fracaso, soy inconformista, soy tímido… Estas etiquetas rígidas no hablan de toda tu complejidad, se quedan cortas. Además, muchas veces reproducimos lo que otros dicen que somos. ¿Quién eres cuando nadie te ve? ¿Cuando no tienes que demostrar nada?
No sabes qué te gusta ni qué necesitas. El típico "No sé qué quiero. Lo tengo todo pero me siento vacío". Te sientes insatisfecho/a de forma constante. ¿Haces lo que haces porque eso es lo que necesitas y deseas? ¿Estás en piloto automático, o eres consciente de lo que quieres hacer realmente en tu vida? Y si eres consciente, ¿haces eso que te gusta diariamente? ¿Hay conexión entre tu esencia y tus funciones? ¿Tiene sentido para ti lo que estás haciendo en tu vida?
No entiendes tus emociones y te cuesta gestionarlas. No comprendes por qué reaccionas como lo haces. Cuando te enfadas, explotas de ira; cuando estás triste no sabes qué hacer, no te soportas, te intentas distraer, quizá también consumas sustancias…
Repites patrones: siempre te pasa lo mismo y no sabes por qué. Caes en los mismos errores de forma consciente o inconsciente; te autosaboteas y ni siquiera sabes por qué lo haces. "Siempre acabo saliendo con el mismo perfil de gente…"
Te cuesta poner límites o decir "no". No saber quién eres ni lo que vales te lleva a poner a los demás por encima de ti. Tu necesidad de agradar a los demás es más grande que tu necesidad de ser fiel a ti mismo, de ser tú.
Cambio en función de con quién esté. Te adaptas tanto a los demás que pierdes tu propia identidad, tu voz. Te dejas llevar; como no sabes lo que quieres, permites que los demás escojan por ti.
Quiero conocerme pero, ¿cómo lo hago?
Pasos para el autoconocimiento
Hay muchas formas de avanzar en nuestro proceso de autoconocimiento. Una de ellas, la que yo conozco mejor, es la psicoterapia, el coaching o las sesiones de desarrollo personal. Veamos el paso a paso:
Paso 1: el darse cuenta
Es el punto de partida. Algo dentro (o fuera) no funciona. Se genera una incomodidad dentro de nosotros. Puede venir por una crisis, por una ruptura, por agotamiento…, o simplemente por una sensación de desconexión con nuestro mundo.
Para darse cuenta hay que prestarse atención y hacernos caso cuando nos sentimos mal, decaídos, frustrados… Aquí podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué me está pasando? ¿Qué es lo que quiero? ¿Sé qué es lo que necesito?
Paso 2: hacer una limpieza de nuestro interior
En este paso empiezas a sacar aquello que no te gusta: creencias heredadas, máscaras sociales, patrones automáticos, etc. Crea una lista de todo lo que haces solo para agradar, encajar, evitar dolor… Este paso duele, pero paradójicamente también libera.
En ocasiones es complicado cuestionar correctamente nuestras creencias, o éstas están tan arraigadas que nos cuesta darnos cuenta de que nos hacen mal. En psicoterapia y en las sesiones de desarrollo personal y coaching se guía a la persona a identificar esos pensamientos erróneos arraigados.
De forma general, te recomiendo que cuestiones tus creencias: cómo pienso, por qué pienso así, dónde lo aprendí o quién me lo enseñó, cuáles son mis reglas de vida, qué prohibiciones tengo, qué deseos no puedo cumplir por esas prohibiciones, cómo me siento como consecuencia de ellas, qué tipo de persona me hacen ser, quién podría llegar a ser si las apartara por un momento.
Cuestiona todo y saca lo que no te gusta de ti: "me he dado cuenta de que siempre necesito llevar la razón. ¿Por qué me pasa? ¿Qué intento demostrar? ¿Qué miedo hay detrás? Resulta que, muy dentro de mí, creo que no llevar la razón es estar equivocado y equivocarse es ser imperfecto. Ser imperfecto hace que los demás me rechacen. El rechazo me indica que no tengo valor".
Una vez que llegas al fondo del pensamiento, practica la autocompasión por medio del cambio en tu diálogo interno. Para ello, cuida tu forma de hablarte, hazlo con gentileza, como si le hablaras a un amigo, algo así: "no pasa nada si te equivocas. Tu valor no depende de tener razón, sino de ser auténtico/a".
Paso 3: duda, confusión y vacío
En esta etapa sabes lo que no quieres pero no lo que sí quieres. Aquí aparece la duda, la incomodidad y el miedo puesto que no hay certezas. Por un lado, lo viejo ya no se sostiene y, por otro lado, lo nuevo aún no tiene forma. Es como estar en el limbo, en tierra de nadie. La clave aquí es ir explorando y ver qué nos hace sentir bien.
Paso 4: reconstrucción y elección de mis nuevas creencias
Yo elijo qué es lo que va a tener sentido para mí a partir de ahora. Me hago con nuevas creencias, nuevos límites, nuevos modos de relacionarme, etc. Es decir, elijo mi mundo interno. Estas nuevas creencias y valores estarán ahí, no por obligación, sino por conciencia.
Habrá momentos en los que te sentirás perdido o bloqueado, es normal. No siempre tienes que estar analizándote. Va a haber momentos de pausa y eso está bien.
Paso 5: integración y coherencia sin perfección
En este punto, el autoconocimiento no se ha terminado pero deja de doler. No se trata de haberlo resuelto todo, sino de vivir con conciencia, no desde la carencia. Aunque aún no lo sabes todo sobre ti, ya no vives desde el dolor, la vergüenza o la necesidad constante de aprobación, ya no necesitas máscaras ni la validación externa. Vives en coherencia con quien eres y sigues aprendiendo.
Herramientas para la práctica
Para transitar las etapas anteriores de la mejor manera hay que trabajar y para ello te voy a dar una serie de herramientas. Vamos a verlas:
Hacer psicoterapia o coaching.
Escribir, pero no escribir cualquier cosa sino hacer escritura terapéutica o escritura expresiva. En inglés se conoce como journaling y no se trata únicamente de escribir por escribir, sino de desahogarte por medio de la escritura, reflexionando posteriormente y haciéndose preguntas estratégicas acerca de lo que hemos plasmado en el papel.
Utiliza guías para la autoexploración. Aquí te dejo la mía. Te la puedes descargar gratuitamente aquí.
Pasa un rato al día a solas y hazte preguntas. Habla contigo como si fueras un amigo. Por ejemplo, comienza respondiendo a las siguientes preguntas:
¿Cómo me siento con respecto a mi pasado?
¿Cómo me siento ahora en mi presente?
¿Qué quiero en mi futuro?
¿Qué cualidades me gustan de mí?
¿Cómo me hace sentir la gente de la que me rodeo?
¿Cómo reacciono ante situaciones estresantes?
¿Qué cosas me decepcionan?
¿En qué debo mejorar?
¿Qué me motiva, qué me apasiona?
¿Cómo quisiera que fuera mi vida?
¿Qué necesito para que esa vida se haga realidad?
Pídele a alguien que te describa con tres palabras y luego reflexiona, busca ejemplos de situaciones que confirman eso que dicen de ti.
Hacer meditación para observar lo que piensas sin juzgarte. Simplemente escuchar lo que dice tu mente.
Escoge una actividad nueva que te guste y llévala a cabo. Reflexiona acerca de cómo has realizado la actividad sin juzgarte. Qué crees que has hecho bien. Qué te hubiera gustado hacer mejor. Qué has aprendido de ti durante la realización de la actividad.
Para terminar, decirte que no estás perdido. Solo estás lejos de ti. Pasamos la vida buscándonos en los demás hasta que un día, por fin, nos miramos al espejo… Empieza a caminar hacia dentro. Cada paso cuenta.
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.