La autoestima se construye desde la infancia. Son muchos los factores que intervienen. Como padres o figuras de apego tenemos una gran responsabilidad con respecto a la autoestima de nuestros hijos. Dar seguridad, afecto, fomentar la autonomía y el desarrollo de habilidades sociales son esenciales.
¿Qué es la autoestima?
Grosso modo, es el amor que nos procesamos a nosotros mismos. La valoración que hacemos de nosotros. Qué tanto conozco de mí y qué peso doy a mis fortalezas y debilidades. Qué grado de aceptación me proceso y, en definitiva, cuánto me quiero.
El juicio hacia uno mismo depende de la valoración subjetiva acerca de lo que es una fortaleza. Si para mí es una fortaleza saber pintar pero a mi juicio no se me da bien o mis pinturas no se venden, mi autoestima se verá afectada. En ese caso, no podemos hablar de autoestima en niños pequeños sino más bien de autoconfianza porque ellos no tienen aún experiencia ni capacidad para reflexionar sobre sí mismos con esa profundidad. La autoestima que tendrán de adultos comienza a forjarse en la infancia, de ahí la importancia de propiciar las mejores condiciones para que se desarrolle de forma óptima.
Para un niño, tener autoestima significa en esencia: sentirse amado y protegido, tener sus necesidades cubiertas, estar satisfecho con su cuerpo, sentirse capaz y estar a gusto con los demás.
Para saber dónde y cómo intervenir debemos conocer primero qué componentes tiene la autoestima. De qué depende… A mí personalmente me gusta mucho la categorización en factores externos e internos que Nathaniel Branden menciona en su libro "Los 6 pilares de la autoestima".
Los factores que influyen en la autoestima
Los factores externos: se entiende como factores externos lo que está fuera del niño, lo que le rodea. Por ejemplo, la familia en la que nacemos.
Los factores internos: son aquellos que se originan dentro del niño, dependen de su forma de ser, de pensar y de actuar. Por ejemplo, la autoexigencia y el perfeccionismo como rasgos de personalidad.
Los factores internos están a su vez influenciados por los factores externos. Es decir, si bien es cierto que el niño nace con una predisposición genética a tener unos rasgos específicos de personalidad, la moldeará en cierta medida dicha personalidad.
Cómo fortalecer la autoestima en niños | Salud L-Mental | Salud L-Mental
influencia del entorno
Que Anael sea introvertida es el factor interno; los padres, y concretamente su forma de abordar la personalidad de su hija, serían uno de los factores externos que moldearán la personalidad de Anael. Entonces, la madre puede quedarse con Anael encerrada en casa y potenciar su introversión o quedar con amigos para que la niña se relacione. De esta forma la niña va aprendiendo e interiorizando, es decir, va moldeando sus factores internos.
Como ves, la autoestima es muy compleja, es un compendio de factores interrelacionados entre sí que van moldeando nuestra experiencia interna y forma de autopercibirnos. Como padres, o figuras de apego principales, es decir, como factor externo, no podemos incidir en todos los aspectos que intervienen en la autoestima pues aunque lo externo es muy importante, por sí mismo no es suficiente.
Analicemos los factores externos e internos más en profundidad:
Los factores internos
Recuerda que son todos aquellos que se originan en el niño. Así, nos encontramos con la personalidad o forma de ser, el esquema de pensamiento forjado y las conductas derivadas de todo ello.
Por ejemplo, la hermana menor de Anael, Lena, puntúa alto en un factor de personalidad conocido como "apertura a la experiencia", es decir, es una niña curiosa y lanzada. Anael, sin embargo, es más temerosa frente a nuevas experiencias. Entonces ambas tienen una personalidad diferente que ya de base condiciona su conducta. Lena pensará que los columpios nuevos del parque parecen divertidos y por tanto se animará a montarse en ellos. Anael en cambio los percibirá más como una amenaza, dudará y buscará la ayuda de su mamá para subirse… Así cada niña va tomando decisiones, actuando en consecuencia y recibiendo una retroalimentación de sus actos. Es decir, las niñas podrían tener éxito al subirse a los columpios nuevos o podrían caerse y hacerse daño, en cualquier caso esta consecuencia derivada de sus decisiones aportará a su autoestima. Con el paso del tiempo se formarán una opinión sobre sí mismas, un esquema mental acerca de cómo son, de lo que pueden y no pueden hacer, lo que en esencia es su autoestima. Gracias a los padres, Lena y Anael aprenderán a aceptar sus debilidades sin que su autoestima se vea dañada. Y ahora veremos cómo.
Ya hemos visto en síntesis los factores internos de la autoestima. Compliquemos un poquito más la escena con los factores externos…
Los factores externos
Los factores externos, recuerda, son todos aquellos que rodean al niño… Por ejemplo, la cultura; el nivel socioeconómico de los padres; las circunstancias de vida del niño; el entorno social como la familia en la que ha nacido (y más concretamente los padres), los maestros, los amigos…
Entonces, siguiendo con el ejemplo anterior, las hermanas Lena y Anael viven integradas en una cultura que aprueba la independencia y autosuficiencia de la mujer. Esto favorecerá la autoestima de Lena pero no la de Anael. Ahora añadimos a la madre, mujer muy aventurera que motiva y acompaña a Lena para subirse a los columpios nuevos pero que descalifica a Anael por sus inseguridades. Lena podrá entonces hacerse una experiencia positiva en este contexto sin embargo, si la madre dice a Anael, la hermana mayor que tiene miedo: "mira que eres miedica… Fíjate en tu hermana, se atreve sola y es más pequeña que tú, qué vergüenza…" La autoestima de Anael se verá seriamente afectada.
Pero aún hay más, de pronto pasa el maestro por allí, se para a saludar a la madre de las niñas y acaban hablando de que Lena siempre fue muy lanzada y Anael más torpe con el deporte, que subir y trepar nunca se le ha dado bien… Para colmo entra en el parque la amiguita de Anael, la cual también se sube a los columpios nuevos sin miedo… Conclusión, la pobre Anael se sentirá inferior e interiorizará que ella no es capaz…
¿Ves cómo se va tejiendo la autoestima? Es realmente compleja.
Ahora que conocemos la mayoría de las variables que influyen en la autoestima, ¿cómo podemos interferir en ellas?…
¿Qué puedo hacer para fomentar una sana autoestima en mi hijo/a?
Como he expuesto anteriormente, la autoestima se comienza a edificar desde la infancia. Para ello, nuestros padres o figuras de apego son esenciales, pues suponen el punto de partida, las personas de referencia.
Para que la autoestima se desarrolle de forma óptima en el niño, los padres deberán interiorizar y adoptar una serie de conductas estratégicas que yo he categorizado en tres grandes bloques. Imagina que la autoestima de tu hijo es como una tarta o pastel:
El primer bloque o la base de la tarta tiene dos ingredientes: la seguridad y el afecto: se trata de hacer sentir al niño seguro, darle la confianza de que tú estás ahí para cuidarle, que no está solo en este mundo, que es amado y protegido. Un niño necesita sentirse seguro para desarrollarse adecuadamente. Necesita dar sentido a su mundo, percibir cierta estabilidad para poder predecirlo y poner en juego todo su potencial. Esta seguridad le va a permitir explorar su medio, aprender e independizarse. El afecto está muy relacionado con la sensación de seguridad puesto que el niño tendrá la certeza de que si le amas, no lo vas a abandonar. En resumen: por medio de tu amor hacia él, se hace una idea de su valor.
El segundo bloque o el relleno de la tarta tiene un ingrediente: apoyar al niño en el camino a su autonomía: todo ser humano tiende a la autonomía. Desde que nacemos queremos aprender a hacer cosas solos que nos permitan independizarnos de papá y mamá. La tarea del padre será por tanto estimular al hijo para facilitar el desarrollo de todo su potencial y de esa necesidad de independencia. Esto le permitirá conocerse, dotarse de habilidades, sentirse capaz y amarse. En resumen: por medio de responsabilizarse de sí mismo se hace una idea de su capacidad.
El tercer bloque o la cobertura de la tarta tiene un ingrediente: apoyar el desarrollo de las habilidades sociales del niño. Somos seres profundamente sociales. Nos necesitamos los unos a los otros. La interacción con el medio no sucede de forma aislada, sino que también nos relacionamos con otros seres humanos que influyen positiva y negativamente en nuestra autoestima. Esto le permitirá al niño estar bien con los demás, disfrutar de la compañía y ser capaz de comunicarse y de pedir ayuda. En resumen: por medio de la socialización estará bien con los demás y podrá superar obstáculos para seguir sintiéndose capaz.
Veamos cada bloque en profundidad:
Seguridad y afecto
El primer bloque es el de transmitir seguridad y afecto, que básicamente es lo mismo que establecer un apego seguro. ¿Por qué hay que dar seguridad? Porque el niño necesita saber que este mundo es relativamente seguro para poder desplegar todo su potencial. Con miedo dejará de hacer muchas cosas y no hacer cosas le llevará a una baja autoestima. ¿Cómo puedo dar seguridad a mi hijo?
Garantiza un medio seguro para explorar y dale libertad, es decir, protege sin sobreproteger. Confía en sus capacidades. Como adulto, debes asegurarte de que el medio sea seguro y a partir de ahí, dejarle cierta libertad. Esto no es desatenderlo pero tampoco es perseguirlo e impedir todo movimiento. Este punto es importante porque si el niño capta inseguridad y miedo en nosotros, tendrá miedo a la hora de interactuar con su medio. Por ejemplo, cuando los padres no permiten que su hijo juegue con arena porque se puede contaminar y le impiden salir de la mantita o esterilla. Es razonable no permitir que el niño se coma las colillas o las piedras que hay en la arena, tampoco que ingiera un kilo de arena a puñados pero si algo de arena cae en su boca, es mejor no enloquecer.
Escucha y atiende sus necesidades: el niño expresará sus necesidades de formas diversas dependiendo de su edad. Así, los bebés harán muecas, ruiditos y llorarán, frente a los niños más grandes, que serán capaces de comunicarse verbalmente. En la publicación sobre el apego hablo de la sensibilidad de los padres para captar las necesidades de sus hijos, así como de la importancia de atenderlos con inmediatez. Ojo, atender no significa darle todo lo que pida… Hay que saber distinguir entre "necesidad" y "capricho". Ahí es donde radica la complejidad. En cuanto a las necesidades de los niños, éstas son de dos tipos: físicas (como comer o dormir) y socioafectivas (como ser abrazado, escuchar un "te quiero" o pasar tiempo con sus padres y amigos). Ambos tipos de necesidades deben ser atendidos debidamente.
Establece rutinas que ayuden a predecir el curso del día; dan seguridad porque saben lo que viene, saben lo que hay que hacer y lo que se espera de ellos. Una rutina efectiva podría ser la de la hora de irse a la cama, por ejemplo: primero cenamos, luego nos lavamos los dientes, nos ponemos el pijama y finalmente nos metemos en la cama. Allí, papá nos lee un cuento.
Pon límites adecuados: hoy día muchos padres creen que poner límites es perjudicial o al contrario, que hay que atar en corto a los hijos. Ni una cosa ni la otra, los límites adecuados son imprescindibles para ofrecer seguridad al niño pues así es como les hacemos saber lo que se espera de ellos sin necesidad de tener que probar conductas a riesgo de equivocarse y recibir alguna reprimenda… Los límites deben establecerse con la intención de proteger al niño y ayudarle en su correcto desarrollo: un padre no va a permitir que su hijo vea la televisión todo el día, coma todos los dulces que le dé la gana, o se acueste de madrugada porque estaba jugando a la Play… ¿Cómo se pone un límite adecuadamente? En general (porque esto da para otra publicación), los límites se deben poner de forma clara, sin castigos físicos ni psicológicos (como ridiculizar, dejar de hablarle, etc.) y estableciendo unas consecuencias. Por ejemplo. En mi casa hay un límite y es que está prohibido subir a la planta de arriba para jugar a la hora de la siesta porque el bebé duerme. Si el niño es pequeño, el límite se pone, se hace respetar y listo. Si el niño es más grande, el límite se puede acordar o razonar: "el bebé duerme. No queremos hacer ruido, por eso cerramos la planta de arriba. ¿Qué podemos hacer si quieres jugar arriba? Coge los juguetes y bájalos. ¿Qué pasa si despiertas al bebé? Que vas a tener que dormirlo tú, mecerlo, cantarle… Y eso es muy aburrido."
¿Qué consigues con todo esto? Dar la confianza y la sensación de seguridad necesarias para que el niño se atreva a interactuar con su medio, lo que permitirá el desarrollo de su potencial, que le ayudará a conocerse, a confiar en sí mismo y quererse.
El primer bloque es también dar afecto pues por medio del mismo transmites seguridad. ¿Cómo puedo dar afecto a mi hijo?
Ama a tu hijo incondicionalmente en todas sus facetas, acéptalo: amar a tu hijo sin condiciones significa quererlo siempre sin importar qué haga o no haga él. Un ejemplo típico sería el del padre que le dice al niño: si te portas bien hoy te leo un cuento antes de ir a dormir. Para el niño, el momento de leer un cuento por la noche significa estar con papá o mamá, decirle que si se porta bien, si es bueno, si actúa como yo quiero que actúe, le querré, estaré con él, le leeré un cuento. De lo contrario no estaré con él… El mensaje que le transmites es el de "no te quiero porque sí, no te quiero únicamente por ser tú". Por otro lado, cuidado con exigirle que se convierta en el hijo ideal que tanto habíamos deseado… El ejemplo típico es el de obligar al niño a ir a clases de piano cuando no le gusta el piano o ni siquiera le gusta la música. Con ello le estamos diciendo que lo queremos únicamente si cumple con nuestras expectativas, si logra nuestros sueños, si nos hace sentir realizados a nosotros, los padres.
Muestra tu amor por él: cuando son bebés el tacto es muy importante. Acarícialo, abrázalo, dale besos como si no hubiera un mañana… Ciertamente el día de mañana puede que no te deje… Cuando son más mayores, si lo permite, hazlo también. Dile que le quieres, que su presencia te hace feliz, que es importante para ti. Díselo sin miedo. Hazle sentirse importante para ti, no se va a malacostumbrar.
Valida todas sus emociones: esto significa dejarle llorar cuando lo necesite en lugar de decirle: "deja de llorar. Si dejas de llorar te doy un caramelo…" Y mucho menos decirle que como no deje de llorar le pegas con la chancla o le castigas… Validar emocionalmente al niño supone aceptar que aquello que provoca esa reacción, le afecta, por muy insignificante que al adulto le parezca. Por ejemplo, a mi hija de 3 años le quité un moco de la nariz. A ella le dio semejante rabieta de 20 minutos, llorando, tirada en el suelo y pataleando. Quería que le devolviera su moco. Yo le dije que no podía devolverle su moco así que allí me quedé sentada a su lado mientras ella descargaba todo el exceso de energía que tenía. Yo, intentando transmitirle mi calma le hacía entender que comprendía lo duro que era haber perdido su moco pero que lamentablemente no se lo iba a devolver. Después de un rato ella estaba calmada, quiso un abrazo y se lo di. Después hablamos y le conté por qué hay que limpiarse los mocos, por qué no se lo podía devolver y cómo podía ella expresar su rabia o su tristeza de forma más "suave" la próxima vez. Cuando pierdo la paciencia con ella, solo quiere estar con su padre, sin embargo ese día solo quiso estar conmigo… Lo del moco no lo logro entender, me parecía una tontería tan grande… Pero lo que para uno es una tontería, para nuestros hijos puede ser un mundo. Dejar que expresen sus emociones es como decirles que aquello que sienten es válido. Tranquila/o, que con el tiempo y tu ayuda aprenderán formas de autocontrol socialmente aceptadas.
Ayúdale a conocerse y a quererse: no podemos amar lo que no conocemos, por tanto es esencial conocerse para poder quererse. Los padres son como el espejo de sus hijos. Ellos te miran y se ven a sí mismos, lo que tú les digas a ellos que son, eso serán ellos. Entonces, el niño aprenderá a reaccionar ante determinadas situaciones en función de la reacción de los padres ante esas mismas situaciones. Así, cuando un padre le dice a un amigo por teléfono delante de su hijo que no pueden ir a comer con ellos porque el niño siempre se porta mal en los restaurantes…, el niño asume que es un niño que se porta mal en los restaurantes y amén. A esto se le conoce en Psicología como "profecía autocumplida". Entonces, ¿cómo ayudo a mi hijo a conocerse y a quererse?
Tratándolo como a un individuo, ¿esto qué es? Es hacerle ver a tu hijo que es único y diferente de otras personas. Que tiene sus propias características que no son como las de los demás. Un ejemplo clásico es el de comprarle las mismas cosas a los hijos con la intención de ser igualitario o el hacerle un regalo pequeño a un hijo por el cumpleaños del hermano, para que no se enfade… Esto, además, fomenta la rivalidad entre hermanos. El niño debe aprender que hoy es su hermano y el día de mañana será él…, que son dos personas diferentes en situaciones diferentes y se les quiere así…
Permitiendo la identificación del niño con sus padres. La identidad sexual es fuente de muchos conflictos. Permitir una libre identificación con el padre o la madre en la infancia es esencial para la autoestima. Es muy común ver a las niñas ponerse los zapatos de tacón de la mamá. La clave aquí está en no censurar esa identificación ya provenga de una niña o de un niño, así como hacerle saber las diferencias y las ventajas de ambos sexos.
Haciéndole ver sus puntos fuertes y débiles, sus cualidades y sus defectos ofreciendo una retroalimentación respetuosa y en su justa medida, es decir, felicitando sus cualidades equilibradamente y aceptando sus defectos.
Para ayudar a tu hijo a conocer sus cualidades y defectos lo esencial es hablar mucho con él para que aprenda a valorar su juicio, que él sienta que se le tiene en cuenta, que su opinión es perfectamente válida. Por ejemplo, proponle tomar decisiones pequeñas. "¿Qué prefieres vestirte ahora o después del desayuno?" Pídele opinión. "¿Qué te parece si pongo este jarrón en esta mesa? ¿O mejor en esta otra?" Pídele que te hable de sus preferencias. "¿Qué te ha gustado más del cumpleaños? ¿Qué personaje de tus dibujos animados favoritos te gusta más?" Pídele que describa cómo se siente. "Cuando tu hermana te ha dicho que no quiere jugar más contigo, ¿cómo te has sentido?"
¿Qué consigues con todo esto? Hacerle sentir que no está solo, que es amado e importante a pesar de sus errores, que se le tiene en cuenta, que se le necesita y en definitiva, que es valioso.
Apoyo en el camino a la autonomía
La tendencia natural de todo bebé ser humano es la de la autonomía. Nuestros cachorros tienden a separarse de nosotros, quieren aprender y hacer cosas solos. Es lo natural. Hay excepciones, como la llegada de un hermanito, que provoca regresiones; pero por regla general, todo niño tiende a buscar su autonomía.
Cada vez que un niño se supera, por ejemplo cuando consigue gatear, andar, hablar, saltar, saltar a la pata coja, mantenerse en equilibrio con una pierna, etc., este niño está sintiéndose fuerte, capaz. Este sentimiento de autosuficiencia es realmente valioso para la autoestima.
Hay algo que debemos tener claro: el camino a la autonomía solo se da por medio del ensayo-error. ¿Esto qué quiere decir? Que el niño va a probar, a equivocarse y a acertar. Entonces es crucial que el niño aprenda que los errores son parte del trayecto, de lo contrario no querrá probar nada para no equivocarse. Tu tarea como padre será normalizar los errores, acompañar las emociones asociadas, aceptar a tu hijo, apoyarle y alentarle. Y aquí es donde está la complejidad, hay que encontrar un equilibrio entre sobreproteger y exigir en exceso. Yo sé que tú puedes hacer esto porque conoces a tu hijo mejor que nadie.
Existe una diferencia entre "ser capaz" de hacer algo y "sentirse capaz" de hacer algo. Hay niños que se sienten capaces y no pueden, y viceversa, que pueden pero resulta que no se sienten capaces. Según Danielle Laporte hay cuatro ámbitos en los que un niño puede sentirse capaz o incapaz:
Plano físico: correr, saltar, nadar, etc.
Plano afectivo: recibir afecto, dar afecto, llamar la atención, etc.
Plano intelectual: comprender, hablar, memorizar, etc.
Plano social: acercarse al otro, compartir, hacerse querer, afirmarse, etc.
Lo normal es sentirse más capaz en unos planos que en otros y lo ideal es sentirse capaz en la mayoría de los planos. La tarea de los padres para favorecer el sentimiento de competencia es evitar la sobreprotección, darle libertad para equivocarse y corregirse, favorecer la adquisición de habilidades, darle herramientas para tener éxito.
¿Cómo puedo apoyar a mi hijo en su camino a la autonomía?
Exponiendo al niño a situaciones novedosas, añadiendo novedad a su rutina de vez en cuando. La rutina es necesaria pero, como todo, en ocasiones hay que poder romper con ella, permitir un poco de flexibilidad. Añadir incertidumbre y novedad al día a día de nuestro hijo permite sacarlo de su zona de confort y desarrollar formas nuevas de enfrentarse a las situaciones, lo cual le va a dar confianza en sí mismo. Estimúlalo para que se anime a hacer cosas nuevas: que pruebe sabores nuevos, si es un bebé, que se anime a gatear, etc. Por ejemplo: el hijo de una amiga tenía edad para andar. Es más, era capaz de dar pasitos y de mantenerse en equilibrio. Estaba preparado para andar sin embargo no sentía la necesidad de hacerlo porque por medio del gateo le iba muy bien, alcanzaba objetos, llegaba a donde quería… Entonces, un día se fue con su familia de viaje a Italia y allí, el suelo del restaurante del hotel donde se alojaban era muy rugoso, pedregoso, como de cemento áspero. El nene se dio cuenta de que gatear en ese suelo era improductivo, se hacía daño en las rodillas, lo ralentizaba, etc. Por tanto, comenzó a andar. En ocasiones, nuestros hijos pueden pero por el motivo que sea no lo hacen. Estimularles les ayuda a dar el paso.
Dándole libertad para explorar. ¿Qué quiero decir con esto? Hay padres que controlan en exceso lo cual mina la confianza en el niño porque se siente observado, evaluado y porque cree que si el padre, que sabe más, no confía en sus capacidades…, será porque efectivamente no está capacitado. Si el niño quiere subir y bajar escalones, me refiero a dos o tres, no a una escalera de veinte peldaños… Hay que analizar si existe algún peligro. En este caso, lo peor que puede pasar es que se haga algunos rasguños. Dale la libertad para entrenarse en subir y bajar escaleras. Si no te animas, hazlo con él o mantente cerca.
Dándole responsabilidades, no haciendo las cosas por él. Es muy importante que el niño vaya haciéndose responsable de determinadas tareas adecuadas a su edad, por ejemplo, pregúntale si quiere ponerse la chaqueta o no, permite que te ayude a recoger la mesa. Con las prisas y la rutina solemos dárselo todo hecho. Es importante ir delegando poco a poco tareas en ellos. Así mismo, cuando ellos nos quieren ayudar, por ejemplo a lavar los platos, lo ideal es permitírselo. Comprendo que ello nos retrase pero si hoy, que quieren ayudarnos, les decimos que no, cuando realmente queramos que nos ayuden, no van a querer ellos… No importa si lo hace bien o mal, reconócele el esfuerzo. Si tiene éxito, felicítalo y si fracasa dile que lo importante ha sido intentarlo, que quien persevera, alcanza.
Reconociendo sus logros, premiando su esfuerzo y dedicación. Como acabo de mencionar, es importante reconocer sus éxitos. Aquí también hay que encontrar un equilibrio y aprender a premiar adecuadamente: ni reconocer cada pequeño detalle, ni tampoco subestimar sus avances. Por ejemplo, un bebé que sube solito un peldaño es un gran paso para él y la emoción que siente al verse en la cima es suficiente recompensa, no hace falta hacerle una fiesta por ello. En el otro extremo tendríamos por ejemplo el caso de un niño que consigue balancearse solo en el columpio por primera vez y que, ante su llamada de atención, la mamá, sin levantar los ojos del móvil, le dice: "Ajamm…" Lo ideal es que ésta le reconozca el logro de una forma algo más entusiasta. El tema de los premios es muy complejo. Es un arte. No hay claridad por parte de muchos profesionales y es un tema muy debatido hoy día. Por un lado nos dicen que premiar es contraproducente sin embargo, la recompensa es la consecuencia inevitable de alcanzar una meta, tal y como hemos visto en el ejemplo del bebé que se sube al peldaño. Entonces, para resumir, premiar, sí, pero mejor el esfuerzo que el resultado. Y como ejemplo te pongo el típico de la niña que te enseña su dibujo, ante el cual nosotros reaccionamos con un: "¡qué bonito!" En su lugar, describe lo que ves, premia el trabajo, el esfuerzo: "me encanta ver que disfrutas tanto dibujando…, te he visto muy concentrada y realmente le has puesto mucho cariño a este dibujo…" La razón por la que se premia el esfuerzo es porque de lo contrario creamos niños dependientes de la aprobación externa.
Evitando la comparación con otros. Esto es muy común en todo padre. Es muy difícil darse cuenta y/o contenerse de hacer comparaciones con los hermanos, los primos, los vecinos, los amigos… En un momento de tensión con los hijos, se nos puede escapar el típico: "mira tu hermana…, se ha comido todo lo que había en el plato y tú no…" Para evitar comparaciones hay que observarse mucho, "pillarse" en el momento de hacer la comparación y abstenerse de ello… Las comparaciones, dicen, son odiosas. Llevan a los celos y las rivalidades. Son verdaderos enemigos de la autoestima.
Ayudándole a alcanzar sus metas. Mi hija de 5 años, y yo fuimos a una fiesta que había en el pueblo. Allí habían puesto unos columpios con cuerdas para escalar. Mi hija había tenido una mala noche, hacía mucho calor, no había comido aún… En fin, estaba cansada… Se empeñó en escalar el columpio pero no conseguía llegar arriba. Las cuerdas estaban flojas y ella, debido al cansancio, no se sostenía bien. Comenzó a llorar, ya nada le salía. Entró en bucle. Para ayudarla a alcanzar su meta hice lo siguiente:
Preguntarle qué quería hacer, cuál era su meta. La meta debe ser realista. Ella quería subir a la cima del columpio. Nunca lo había hecho con anterioridad, estaba cansada… No estaba siendo muy realista…
Preguntarle qué cree que debe hacer en primer lugar. Ella respondió que quería comenzar a subir por el lateral que tenía una escalerita de cuerda.
Preguntarle en qué podía ayudarle yo. Ella respondió que sosteniéndola para que no tuviera que sostener ella sola todo su peso.
Ideamos un pequeño plan y yo me aseguraría de guiarla paso a paso. Así, yo me colocaría debajo de ella e iría escalando a la vez que con una mano la sostendría por el culete. En ningún momento la subiría yo, solo la apoyaría.
Cada vez que conseguía subir una zona, la felicitaba y animaba. Le decía que estaba esforzándose mucho.
Finalmente, siento tener que decirte que no llegó a la cima. Era tal su cansancio, le dolían las manos, lloraba sin parar, acababa resbalando y descendiendo, así que decidí que era el momento de retirarse. Le hice saber que se esforzó mucho, que lo hizo muy bien, que yo estaba muy orgullosa, que ella estaba muy cansada y que lo intentaríamos otro día. Saber retirarse a tiempo es crucial y no por eso debemos sentirnos mal. Tenemos derecho a una tregua.
Estimulando al niño a imitar a otros cuyos comportamientos sean un buen modelo. No se trata de comparar, se trata de ofrecer al niño nuevas opciones. Por medio de la imitación es que el ser humano ha adquirido las habilidades que hoy día tiene… Para ello, intenta no valorar lo que el otro niño hace sino describir, para que no suene a comparación. En lugar de decir: "mira ese niño qué bien lo hace." Prueba decir: "mira ese niño, sube la pierna primero, luego la baja. ¿Probamos hacer lo mismo nosotros?"
Estimulando su creatividad. La creatividad es una herramienta. Ofrece al niño opciones, puntos de vista, conductas, etc. Para estimular la creatividad basta con ofrecerle objetos abstractos, es decir, en lugar de comprarle una casita de juguete, dale una caja con el dibujo de una puerta y unas ventanas o con unos agujeros, simplemente. Dale objetos y pídele que invente nuevos usos, hazle preguntas como por ejemplo: "¿cómo podríamos bajar la luna? ¿Cómo podemos envolver un elefante en papel de regalo?..." Dejarles que se aburran un poco también fomenta la creatividad.
Estimulando el juego a solas de vez en cuando. Hay niños que son más dependientes que otros, niños que tienen hermanos y niños que son hijos únicos. También hay padres que atienden a sus hijos en seguida cuando los ven aburridos… Hay muchos factores en juego pero en ocasiones es bueno encontrar la manera de hacer que el niño juegue un rato a solas para que no crezca con una excesiva dependencia de los demás.
Dándole cierto poder sobre los objetos: los niños creen que los objetos tienen vida, motivo por el cual a veces se enfadan con los peluches, los muñecos, una puerta que se entorna a pesar de sus esfuerzos por mantenerla abierta… Ayúdale a que la puerta "entienda". Puedes decirle junto con el niño: "A ver, puerta, te estoy pidiendo que por favor te quedes abierta." Y acto seguido le colocas un papelito por debajo para que no se mueva. Que el niño aprenda que tiene control sobre los objetos.
Apoyo en el desarrollo de habilidades sociales
Para estar bien con uno mismo hay que estar bien con los demás. De forma similar a como sucede con los padres, los amigos son también como un espejo, los niños se forman una imagen de sí mismos por medio de la interacción con otros. ¿Cómo puedo apoyar a mi hijo en el ámbito social?
Pasa tiempo de calidad con él/ella. Esto son de 10 a 15 minutos diarios pero entregados a su persona, sin interrupciones, sin distracciones. Cumplir esto en el día a día es muy complicado, lo sé. Si no tienes a nadie que pueda hacerse cargo de tus responsabilidades por 10/15 minutos, intenta dedicar tiempo a tu hijo en algún punto de tu rutina diaria con él. Es decir, léele un cuento antes de irse a la cama, prepara la cena con él, que te ayude a guardar la ropa mientras cantáis o bailáis…
Intenta no criticar a tus amistades delante de tus hijos. Si hablas mal de tus amigos, muestras desgana a la hora de quedar con ellos o te quejas de sus visitas, tus hijos van a actuar de la misma manera.
Acuerda salidas con otros padres con hijos para fomentar la variedad de amistades sin olvidar que lo ideal no es cambiar constantemente sino mantener una estabilidad con esas amistades variadas. Que se relacione con los primos, con los amigos del cole, con los amigos de la clase de piano o baile, con los vecinos…
Ante conflictos con los demás hay que intervenir: las relaciones traen consigo conflictos. Es importante establecer unas reglas para la convivencia claras (no se pega, no se muerde, no se quitan las cosas, se pide "por favor", se pide "perdón", compartimos el juguete cinco minutos cada uno…). Ante estos conflictos, lo más normal es que haya que intervenir porque, mientras los niños sean pequeños, ellos solos no saben cómo manejar estas situaciones, en ocasiones, ni los mismos adultos sabemos. La clave a tener en cuenta en este punto es: si hablar no funciona, actúa. Por ejemplo, mi hijo le ha quitado la pala a otro niño. El niño no sabe qué hacer, la madre tampoco. Yo, como mamá del que ha quitado la pala le digo que eso no se hace, que está mal, que la devuelva y que si la quiere, la pida por favor. Ahora bien, si el niño es muy pequeño y no entiende, mi tarea será quitarle la pala y devolvérsela a su dueño. Se ponga mi hijo como se ponga. Eso sí, sin olvidar hacerlo con cariño y sin malas caras.
Fomenta la comunicación y amplía su vocabulario: habla con tu hijo. Cuéntale, que te cuente sus cosas. Describe los objetos que os encontréis por el camino (la farola, las losetas, los ladrillos, las alas de la mariposa, la furgoneta, el camión de carga, la antena del coche…). Dale la oportunidad y las herramientas para que exprese sus necesidades y pueda pedir ayuda. La comunicación con el otro es muy importante entre otras cosas porque nos necesitamos los unos a los otros y cuando yo no puedo hacer algo, si pido ayuda y consigo lo que quería, mi autoestima no se ve afectada por no haber podido hacer lo que quería hacer, al contrario, se ve fortalecida porque he sido capaz de pedir ayuda y solucionar mi problema por medio de otro.
Trabaja su empatía: trabajar la empatía supone colocar al niño en la situación del otro. No se trata de hacerle sentir culpa, sino de hacerle ver cómo se siente el otro. Si tu hijo le ha quitado un juguete a un niño, puedes decirle: "Mira, le has quitado su juguete. ¿Ves qué triste se ha puesto? ¿Qué pasaría si ese nene te quitara a ti tu peluche? ¿Te pondrías triste?"
Describe y nombra sus emociones: cuando tu hijo exprese sus emociones, por ejemplo en forma de rabieta, dale nombre. Intenta usar muchas palabras diferentes, sinónimos… Por ejemplo, si llora y patalea porque su abuelita se ha marchado, dile: "veo que estás muy triste porque tu abuelita se ha marchado. Te has sentido solito porque tu abuela juega mucho contigo y te enfada que no se quede con nosotros todo el día…"
Deja que se salga con la suya de vez en cuando, dale cierto poder sobre las personas. Los niños se sienten competentes cuando advierten que hay formas mejores de obtener lo que quieren de los adultos, pero es éste el que decide cuál será la mejor forma. Si el padre deja claro que él es el que tiene todo el poder siempre, el niño pierde sus ganas de competir. Es necesario mantener un saludable nivel de deseo por competir para poder negociar nuestras necesidades con los demás en la adultez. Por ejemplo, solo le permites a tu hijo comer chocolatinas durante el fin de semana. Hoy es jueves, tiene un antojo especial de chocolate. Te pide, te ruega, hasta lava los platos… Tú puedes mantenerte rígido o decirle: "has insistido tanto… Ok, te puedes comer una chocolatina hoy de forma excepcional…, te lo has ganado." Así mismo, deja que el niño diga "no" de vez en cuando, permite que por una vez no quiera hacer un favor.
Conclusión
Quizá hayas notado que muchas de las estrategias y conductas que aquí comparto requieren de control emocional por tu parte como padre o educador. En ocasiones podemos llevar a buen puerto nuestro cometido pero otras veces estaremos demasiado cansados y estresados… No te aflijas, nos pasa a todos y es lo normal. Ten presente una cosa: cuando fomentas la autoestima de tu hijo también mejora tu autoestima.
Y hasta aquí mis consejos sobre este tema. Espero que te hayan servido y que desde ahora te sientas más preparado/a para ayudar a tu hijo a construir una sana autoestima.
Un abrazo fuerte.
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.
Para ayudarle a quererse, en general, si los padres dan ejemplo de amor propio (se respetan a sí mismos), y tratan al hijo con amor y respeto, sin críticas destructivas ni etiquetas, el niño hará lo mismo. Concretamente: felicita sus cualidades y logros sin excederte y sin exagerar, esto es no felicitar por cualquier cosa ni tampoco hacer una fiesta. Por ejemplo, si el niño lava su vaso de agua, no hace falta que llames a los abuelos para contárselo ni que le hagas un regalo por ello. Basta con darle las gracias. Además, todo padre debe ser tolerante con los defectos y errores. Ten paciencia e intenta no sobrerreaccionar. El ejemplo típico es el del niño que derrama sin querer su vaso de agua y le regañamos. Si lo piensas, lo ha tirado sin querer…, tú también tiras cosas sin querer…, es un niño con una motricidad mucho menos experimentada… En su lugar, puedes decirle que no pasa nada, que a todos nos puede suceder y que ya sabe lo que tiene que hacer: coger un trapo y secar. Te pongo otro ejemplo en el que se ven muy claras las etiquetas que ponemos a nuestros hijos: cuando el niño tiende a la pereza y al desorden es sencillo caer en la tentación y acabar diciéndole: "mira que eres flojo, es que no vas a dar palo al agua de lo flojo que eres…" En su lugar dile: "veo que recoger la ropa no es una de tus tareas favoritas… Entiendo, es un rollo pero en esta casa todos ordenamos nuestra ropa. ¿Qué puedes hacer para que la tarea sea más amena? ¿Quieres ponerte música?"