Comunicación asertiva sin culpa | Salud L-Mental | Salud L-Mental
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Comunicación asertiva sin culpa
Marina está insegura. Es la primera vez que llama a la compañía telefónica para pedir ayuda por un problema técnico en su móvil. ¿Qué puedo hacer para comunicar mejor, para hacerme respetar, para mejorar mis interacciones con los demás?
Marina está insegura. Es la primera vez que llama a la compañía telefónica para pedir ayuda por un problema técnico en su móvil. Está nerviosa, le sudan las manos… y para colmo tiene que soportar la irritante musiquita de espera típica de toda compañía telefónica.
Cuando por fin la atienden, un joven desde el otro lado de la línea se presenta y le pregunta amablemente en qué puede ayudarle. Marina, nerviosa, asustada y enfadada por la musiquita, empieza a criticar, a maldecir e insultar al pobre joven. Éste mantiene la compostura como puede y hace numerosos intentos de preguntar a Marina por diversos datos técnicos pero ella no logra calmarse y explicar exactamente cuál es su problema.
Finalmente, el joven al otro lado de la línea pierde la paciencia y le dice a Marina con una voz fría y una calma asombrosa: —¿Podría usted dejarme hacerle unas preguntas técnicas para que pueda solucionarle su *** problema?
Marina se queda de piedra. ¿El joven acaba de contestarle? Totalmente. Avergonzada y perpleja, presta atención a las preguntas del joven y empieza a responderlas una a una con calma hasta que éste logra resolver su problema.
Qué conversación tan turbulenta. ¿Fue el joven demasiado agresivo? ¿Quién necesita mejorar su forma de comunicar en ese ejemplo? ¿Por qué no funcionaba la comunicación entre estas dos personas?
"En la vida te tratan tal y como tú enseñas a la gente a tratarte." — Wayne W. Dyer
La complejidad en las interacciones
Cuando nos comunicamos con otras personas, no solo intercambiamos mensajes aislados sino también gestos, entonaciones, formas de comunicación… Es decir, no solo el mensaje entra en juego sino también todo el mundo interior de las personas que se comunican.
En nuestras interacciones con los demás influye si yo he tenido un mal día, si pienso bien o mal de la persona a la que comunico algo, si he tenido malas experiencias previas, etc. El resultado es lo que todos hemos vivido alguna vez en nuestro día a día: interacciones insatisfactorias que terminan en desastre.
¿Qué puedo hacer para comunicar mejor, para hacerme respetar, para mejorar mis interacciones con los demás? En esta publicación te doy un montón de consejos que te ayudarán a comunicarte mejor. ¿Comenzamos?
Qué es la asertividad
Como ya he comentado, en una interacción con otros entran en juego muchas variables, es por ello que las conversaciones podrían acabar en desastre. Aprender a comunicar de forma equilibrada es muy importante para minimizar el impacto de muchas de esas variables que interfieren. Con comunicarse de manera equilibrada me refiero a ser asertivo. Imagina una línea horizontal continua. En un extremo tenemos la comunicación pasiva, en el otro extremo tenemos la comunicación agresiva y en el centro tenemos la comunicación asertiva. ¿Qué es la comunicación asertiva? ¿Qué es ser asertivo?
Estilo pasivo | Estilo asertivo | Estilo agresivo
La asertividad es la capacidad de expresar las necesidades, opiniones y emociones propias respetando las necesidades, opiniones y emociones de los demás.
Para que te hagas una mejor idea, vamos a ver cómo es una persona asertiva:
La persona asertiva
Comunica con serenidad porque sabe que está en control de sí mismo y de la situación. Que no se confunda esto con ser un manipulador, sino con tener la suficiente confianza en uno mismo como para sentirse capaz de abordar los posibles problemas que surjan durante la interacción con los otros. Esto está muy relacionado con la autoestima. La autoestima aumenta cuando comunicamos de forma asertiva.
Es capaz de crear un ambiente de calma y respeto en el que los otros no se sientan atacados. Es por ello que suele establecer relaciones sanas y duraderas, antídoto para el estrés, la ansiedad y la depresión.
Es independiente de la opinión de los demás, es decir, tiene su propia opinión y no necesita adoptar la forma de pensar de los otros para sentirse aceptado por ellos.
Por su parte, una persona pasiva tiende a…:
La persona pasiva
Ser retraída.
Evitar el contacto visual.
No decir lo que piensa; es sumisa y conciliadora para obtener la aprobación de los demás.
La persona agresiva
Quien se comunica normalmente con un estilo agresivo tiende a:
Someter al otro (o lo pretende someter). No controla sus emociones, es explosivo. Piensa que la mejor forma de controlar la situación y al otro es colocándose en una posición de poder.
Crear un ambiente de crispación. Critica, humilla, interrumpe y habla mal de los demás.
Estar siempre a la defensiva. Ataca a otros.
Hay que aclarar que no somos asertivos en el 100% de nuestras interacciones con los demás. En ocasiones, la situación requiere de nosotros colocarnos en una posición pasiva o agresiva para protegernos. Por ejemplo, si te acosan por la calle, un estilo comunicativo agresivo quizá sea la mejor opción. Si te encuentras envuelto en una discusión frente a alguien que no vas a volver a ver nunca, quizá el estilo comunicativo más adecuado sea el pasivo. En el ejemplo del principio también podemos ver que el estilo agresivo era, en esta ocasión, la única salida para el joven.
La asertividad como estilo principal de comunicación
¿Por qué es tan importante adoptar un estilo asertivo como forma principal de comunicación?
La ventaja más obvia es que conseguimos comunicarnos de manera más eficaz, es decir, si somos claros y directos ahorramos tiempo, malentendidos y es más probable que consigamos aquello que deseamos.
Ganamos libertad y reducimos la probabilidad de conflicto. No sientes la obligación de conciliar y por tanto eres libre de opinar como quieras; al ser claro y directo no tienes por qué mentir y por tanto se reduce la posibilidad de conflicto.
Menos probabilidad de sufrir estrés, ansiedad y depresión asociada a las relaciones interpersonales.
Ganamos autoconfianza y autoestima porque nos respetamos haciéndonos respetar.
Aprendemos a ser más neutrales, realistas, tomamos mejores decisiones y resolvemos mejor los conflictos.
¿Por qué no somos todos asertivos si ello conlleva tantos beneficios? Hay muchas razones: la falta de autoconfianza, la adopción de determinados roles (por ejemplo, jefe vs. subordinado), el estrés y la falta de control emocional, nuestras experiencias pasadas y nuestra personalidad…
En resumen, en la base de todo eso está en esencia nuestro esquema mental, unos supuestos aprendidos (muchos de ellos erróneos) que nos hacen pasar por alto nuestros derechos.
Cómo aprendo a ser asertivo
El primer paso es conocer tus derechos y los de los demás. Varios son los autores que proponen los derechos asertivos. Yo he elaborado una lista de derechos de Walter Riso, Vicente Caballo y Eduardo Kubli. Te los explico a continuación. Estúdialos, busca ejemplos en tu día a día e intégralos. Vamos a por ellos:
Paso 1: los derechos asertivos
Tengo derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
El supuesto erróneo, es decir, el pensamiento erróneo que hay detrás es el de que no podemos evitar que otros nos maltraten, por lo que ignorar o tolerar sería la única salida. Por ejemplo, Ana vuelve al trabajo después de la baja por maternidad. Su jefe, Rodrigo, durante la reunión con el equipo comenta en voz alta para todos:
—Bienvenida Ana, por los pelos que me traes cualquiera diría que has pasado unas cómodas vacaciones familiares… —Todos se echan reír, incluso Ana, a pesar de que en el fondo se siente profundamente herida. Rodrigo acaba de faltar al respeto a Ana.
Tengo derecho a protestar si soy tratado injustamente.
El supuesto erróneo es que para no parecer intolerantes o por miedo, decidimos no protestar. Por ejemplo, Ana no se enfrenta al jefe por miedo a ser despedida.
Tengo derecho a ser mi propio juez.
Esto es tener derecho a experimentar y expresar mis propios sentimientos, a aceptarlos como válidos aunque los demás no los entiendan. El supuesto erróneo que hay detrás es que si no puedo convencer a los demás acerca de mis sentimientos será porque yo estoy equivocado o me estoy volviendo loco. Por ejemplo, Ana está triste por el comentario de su jefe hasta tal punto que llama a una amiga llorando y le cuenta lo sucedido de camino a casa. Su amiga le responde:
—¡Ay, Ana! Siempre has sido tan susceptible… Tu jefe es un hijo de la gran p**** y lo sabemos desde siempre. A qué viene el show de ponerte a llorar por un comentario tan estúpido. No le des importancia… Estás exagerando… —Después de la conversación, Ana no sabe qué pensar de sí misma… ¿Será que está equivocada y ha sobrerreaccionado? ¿Se estará volviendo loca? La amiga no la entiende pero Ana tiene derecho a sentirse como se siente.
Tengo derecho a sentir y expresar dolor, a quejarme.
El supuesto erróneo es que a los demás no les interesan mis quejas o no las quieren escuchar. Por ejemplo, Ana se debate entre la tristeza y la duda de si sus sentimientos son proporcionados a la situación… En cualquier caso ella se siente ahora doblemente dolida así que al llegar a casa lo habla con Jorge, su pareja, para desahogarse… Se queja, critica el comentario de su jefe y la falta de consideración de su amiga…
Tengo derecho a tener mis propias necesidades.
Que mis necesidades tengan el mismo peso que las de los demás. El supuesto erróneo es que las necesidades de los demás van primero. Por ejemplo, tras una jornada laboral tan complicada, Ana necesita ducharse y descansar un poco, así que se va a priorizar, pues si ella no está bien, tampoco podrá tratar bien a su hija y a su pareja.
Tengo derecho a pedir lo que deseo, a ser escuchado y tomado en serio.
El supuesto erróneo es que somos débiles si tenemos que pedir ayuda, hacemos perder a los demás su tiempo o molestamos. Por ejemplo: Ana decide llamar a su madre para que cuide de su hija pequeña y ella poder darse la ducha que tanto desea.
Tengo derecho a descansar, a priorizarme y a aislarme cuando lo necesite.
El supuesto erróneo es que los demás van a pensar que no quieres estar con ellos, se van a sentir rechazados o pensarán que eres antisocial y egoísta. Por ejemplo, Ana se toma su tiempo a solas en la ducha. Si ella no descansa un poco, sabe que no tendrá ni la paciencia, ni la energía suficiente para atender a su hija y a su pareja.
Tengo derecho a gozar y disfrutar.
El supuesto erróneo es que solo tenemos obligaciones o que no lo merecemos. Por ejemplo, Ana sale de la ducha y se encuentra la mesa puesta y en el centro una deliciosa sopa caliente que acaba de cocinar Jorge, su pareja. Ana le da un beso y le agradece. Valora que la cuide tanto pero no puede evitar sentir remordimientos. ¿Qué ha hecho ella para merecer esto? Ana se olvida de su derecho a disfrutar. Quizá en otra ocasión tenga que intercambiarse los papeles con su pareja y seguramente Ana esté encantada de apoyarle.
Tengo derecho a tener y expresar mis propias opiniones, así como a discrepar.
El supuesto erróneo es que hay que guardarse las diferencias que tenemos con los demás, sobretodo si tienen autoridad, y aprender de ellos porque si los demás piensan diferente significa que yo estoy equivocado. Por ejemplo, Jorge, Ana y su madre están cenando la sopa tranquilamente y charlando sobre la anécdota del jefe de Ana. La madre, opina que un jefe debe actuar agresivamente con los empleados para hacerse respetar. Ana discrepa. No comprende qué tiene que ver el respeto con el mal trato…
Tengo derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
Esto es a no seguir sus consejos si no quiero. El supuesto erróneo es que puedo equivocarme u ofender a alguien si no hago caso de los consejos. Por ejemplo, la conversación durante la cena desemboca en una larga lista de consejos por parte de su madre y Jorge. Éste dice: —deberías dejar esa empresa… Renuncia, sal de ahí. —Ana agradece los consejos pero no va a dejar su puesto, no le gusta su jefe pero adora su trabajo.
Tengo derecho a cambiar de opinión y de forma de actuar.
El supuesto erróneo es que siempre tengo que ser lógico y consecuente. Después de la cena, la madre de Ana se marcha; la niña está en su cuna dormidita desde hace un par de horas. Jorge está agotado y siente que es momento de irse a la cama. La cocina está sin recoger y él es el que normalmente limpia y ordena después de la cena pero hoy también ha sido un día duro para él así que decide limpiar por la mañana.
Tengo derecho a hacer menos de lo que soy capaz de hacer.
El supuesto erróneo es que siempre tenemos que dar el 100% de nosotros. Por ejemplo, Jorge podría limpiar la cocina y acostarse tarde pero decide no hacerlo.
Tengo derecho a cometer errores sin sentir culpa o vergüenza.
La suposición errónea que hay detrás es que cometer errores es vergonzoso y una catástrofe irreparable. Por ejemplo, a la mañana siguiente, Jorge le pregunta a Ana si ha anotado a la niña en la guardería. Ana le dice que no. Con la reincorporación laboral tras la baja y todo lo que pasó con su jefe el día anterior, se olvidó por completo… Jorge le reprocha y Ana se defiende diciendo que es humana y que no puede estar en todo.
Tengo derecho a no justificarme ni dar explicaciones.
El supuesto erróneo es que hay que tener siempre una razón lógica para mis conductas. Por ejemplo, Ana decide ir a apuntar a la niña a la guardería por la mañana antes de ir a trabajar. Llama por teléfono a su hermana Melina para que la acompañe. Ya que están, pueden hablar y pasear juntas pero Melina, ante la insistencia de su hermana, va soltando una excusa tras otra: —Es que va a llover… Es que tengo examen y quiero prepararme bien… Es que me duele un pie…
Melina no quiere ir y tampoco tiene por qué dar explicaciones.
Tengo derecho a interrumpir para solicitar información, a hacer preguntas y a pedir aclaraciones.
Algunos supuestos erróneos que hay detrás son el de pensar que es de mala educación preguntar por los motivos de las acciones de los demás, o el de pensar que es vergonzoso no saber, no entender algo o dudar de la buena voluntad de los demás. Por ejemplo, Ana ha llegado a la guardería y allí le dan unos papeles para rellenar. Uno de ellos es una petición de consentimiento para que estudiantes de magisterio infantil hagan las prácticas en este centro. Sin embargo, Ana no ha sido informada muy bien, al contrario, le piden que por favor firme ahora y no se lleve los documentos a casa… Ana ignora la urgencia y comienza a preguntar por las condiciones de esas prácticas, etc.
Tengo derecho a detenerme a pensar antes de actuar.
El supuesto erróneo es que no debo hacer esperar a los demás. Por ejemplo, puesto que no han sabido responder a sus preguntas, Ana ha decidido llevarse el contrato de prácticas y estudiarlo en casa para decidir con tiempo. Quiere saber bajo qué condiciones se desarrollarán dichas prácticas y en qué afectarían a su hija.
Tengo derecho a no contestar, a elegir si responder o no.
El supuesto erróneo es que pensarán que estoy mintiendo o que soy deshonesto si no respondo a las preguntas. Por ejemplo, en la guardería se encuentra con una mujer que está dejando a su hijo y que resulta ser la nueva inspectora de su empresa, pero Ana no lo sabe. Cuando ésta le dice que la conoce, puesto que trabajan para la misma compañía, Ana se sorprende y comienzan a intercambiar anécdotas e impresiones. En un momento dado, la inspectora le pregunta por Rodrigo, su jefe, concretamente le pregunta si ha oído o sufrido algún tipo de acoso por su parte. Ana decide no responder a esa pregunta.
Tengo derecho a no tener que intuir las necesidades de los demás.
El supuesto erróneo es que hay que ser sensible y anticiparse a las necesidades del otro. Por ejemplo, tras su parada en la guardería Ana regresa a casa a esperar a su madre para que cuide de su hija y ella pueda irse a trabajar. Al llegar se encuentra con un Jorge super enfadado porque la cocina estaba sucia y esperaba que Ana la hubiera limpiado, pues se había levantado más temprano… Ana le responde: —lo siento mucho, yo no sabía que querías que yo limpiara la cocina. Normalmente lo haces tú. Si me lo hubieras pedido, lo hubiera hecho.
Tengo derecho a decir NO sin sentirme culpable.
El supuesto erróneo es que hay que agradar siempre al otro. Por ejemplo, una vez en la oficina, el jefe de Ana acuerda una reunión con ella. Le comenta que la nueva inspectora ha hecho una encuesta a su equipo acerca de su profesionalidad y que solo falta ella por dar su opinión. Puesto que son cinco los trabajadores en el equipo y dos de ellos le han dado muy mala puntuación, de Ana depende que le despidan de la empresa o no así que le pide que por favor le de una buena puntuación para equilibrar la balanza a su favor. Ana se niega a hacerle el favor aunque se siente algo culpable.
Tengo derecho a no satisfacer las expectativas de otras personas y comportarme siguiendo mis propios intereses.
Es decir, tengo derecho a no responsabilizarme de los problemas de los demás. El supuesto erróneo es que cuando alguien tiene un problema, es mi responsabilidad ayudarle. Por ejemplo, Ana no quiere hacerse responsable de la falta de profesionalidad de su jefe.
Tengo derecho a tener éxito, a superarme aunque supere a los demás, a enorgullecerme y a recibir reconocimiento.
El supuesto erróneo es que hay que ser humilde para no ser arrogante y no dar envidia ni hacer sentir mal a los otros. Por ejemplo, han despedido al jefe de Ana y de entre todos los trabajadores la han escogido a ella para ocupar el puesto vacante. Sus colegas comienzan a quejarse de que Ana lleva menos tiempo en la empresa, no va a poder viajar porque tiene una hija, no dedica su tiempo libre a acudir a eventos de negocios, etc. Ana se siente mal por los comentarios pero piensa que ella tiene derecho al éxito y a superarse.
Tengo derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, mi cuerpo y mente, y mi tiempo.
El supuesto erróneo es que los demás tienen la potestad de decidir por mí. Por ejemplo, una colega comenta que Ana no dedica su tiempo libre a reciclarse sobre el mundo de los negocios y que por ello no es la persona indicada para ocupar ese puesto… Ante este comentario Ana responde que lo que ella haga en su tiempo libre es problema suyo…
Conviene recordar…
Estos derechos asertivos no se apoyan en la ley y son tus derechos pero también los de los demás. Es decir, que, por ejemplo, tú puedes tener derecho a pedir un favor pero el otro tiene derecho a negarse.
Por otro lado, no están ahí para reclamarlos y exigirlos a los demás, sino para que te guíen en tus interacciones sociales.
Paso 2: conocer mi estilo comunicativo
Ya que conoces tus derechos, el segundo paso es conocer tu estilo comunicativo más frecuente: pasivo, agresivo o asertivo. Para ello, registra y analiza durante una semana todas aquellas situaciones en las que, al interactuar con los demás, has visto vulnerados tus derechos o has vulnerado los derechos de los otros. La clave está en prestar atención a tus emociones en una situación concreta de intercambio social, y anotar inmediatamente el pensamiento que tienes en ese justo momento y tu reacción. Te va a tocar llevar contigo una libretilla. También puedes descargarte gratis la guía que he creado para ti. Te va a facilitar mucho la vida.
Paso 3: plan de respuestas
El tercer paso es preparar un plan de respuesta adecuado a esas situaciones que has registrado. Hazte un monólogo y ensáyalo frente a un espejo, no te olvides de la comunicación no verbal, de los gestos. El plan es el siguiente:
Comienza la interacción mencionando algo positivo: —Me agrada que quieras que te acompañe pero no tengo ganas de salir hoy…
Describe la conducta del otro que a ti te molesta: —Me molesta que me dejes de hablar durante días cuando yo decido hacer o no hacer algo y a ti no te parece bien…
Describe cómo te hace sentir dicha conducta: —Me siento frustrada y triste porque no hay ningún tipo de comunicación entre las dos…
Describe qué quieres o esperas del otro: —Me gustaría que cuando algo te moleste de mí, lo hablemos en seguida y busquemos juntas una solución para no perder el tiempo…
Agradece por el tiempo y la atención: —Muchas gracias por este rato de discusión agradable. Así da gusto solucionar los problemas.
Paso 4: practicar
El cuarto paso es llevarlo a la práctica. Aquí conviene que tengas en mente tu estrategia favorita de control emocional para superar los temblores, el tartamudeo, etc. Una estrategia muy típica es la respiración.
Te recuerdo que esto es un trabajo diario y constante. No es algo que se aprenda de la noche a la mañana, implica práctica así que, ten paciencia contigo mismo/a. No seas demasiado autoexigente.
Despedida
Y hasta aquí la publicación de hoy. Espero que te haya gustado y que te sirva de ayuda para tus futuras interacciones sociales. Si tienes alguna duda, escríbeme, estoy encantada de leerte. Un abrazo
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.