En esta publicación exploramos la importancia del apego en la infancia y su impacto en la vida adulta. Se destacan las características de los distintos tipos de apego tanto en niños como en adultos y la importancia de una relación equilibrada con nuestros cuidadores principales para el correcto desarrollo.
En el primer piso de una pequeña calle en Granada hay una mamá con su bebé de 18 meses. La mamá está agotada. Acaba de dormir a su bebé; lleva todo el día sin comer y cuando mira a su alrededor siente un gran malestar: el piso está verdaderamente alborotado. Se echa en el sofá con un suspiro... y se tiene que levantar porque, aunque no han pasado ni cinco minutos, el bebé ya se ha despertado.
Molesta, se dirige al dormitorio, coge de mala gana al bebé y lo mece bruscamente mientras le dice:
—¡Eres insoportable! ¡Ni tiempo tengo para respirar por tu culpa! ¡A ver si te duermes ya, pesado!
El bebé nota la tensión y la brusquedad de la madre y rompe a llorar con más fuerza. La madre lo deja en la cuna y se marcha de la habitación dando un portazo.
En ese mismo instante, en algún lugar de Granada otra mamá está pasando por la misma situación. Ahora bien, ésta tiene presente que su bebé podría sentirse solito o tener dolor de barriga... Así que deja el sandwich en el plato y se dirige a atenderlo con ternura y una sonrisa. Lo abraza, le da un beso. Al poco, el bebé comienza a coger nuevamente el sueño. En su carita se dibuja una leve sonrisa justo antes de quedarse dormido.
¿Qué te parecen esas dos situaciones? Bastante diferentes la una de la otra, ¿cierto? ¿Cómo crees que se siente el bebé de la mamá que está enfadada? ¿Cómo crees que serán estos dos bebés de adultos? ¿Tendrá algo que ver nuestra forma de ser de adultos con el trato recibido por las figuras de apego en la infancia?
«La confianza en la figura de apego es la base de una personalidad estable y segura». (Bowlby)
Un hilo invisible que nos conecta
¿Qué es el apego? Grosso modo, el apego es el vínculo entre el bebé y su cuidador, su figura de referencia. Es como un hilo invisible que conecta a ambos.
Los bebés humanos nacen muy inmaduros. Eso se lo debemos al tamaño de nuestro cerebro... Un bebé no tiene posibilidad alguna de sobrevivir si no es por medio de los cuidados de un adulto. La Naturaleza es sabia y ha contado con ello, es por eso que ha ideado el sistema de apego. El bebé va a unirse a su cuidador y va a reclamarlo cuando éste le falte. El apego es, por tanto, y se desarrollará por fases desde el nacimiento del bebé en adelante, siendo los la etapa crítica.
La importancia del apego | Salud L-Mental | Salud L-Mental
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Pequeños comunicadores
¿Cómo reclama cuidados un bebé? La respuesta que todos conocemos es «por medio del llanto». Eso es cierto, pero la verdad es que los bebés no solamente se comunican por medio del llanto sino también por medio del lenguaje no verbal. Son pequeños expertos en esta forma de comunicación. Antes de llorar producen sonidos, movimientos y gestos. La mayoría de las veces recurrirán al llanto como último recurso. Algunos padres son sensibles a dichos sonidos y gestos, otros no son sensibles ni al llanto.
La sensibilidad en la figura de apego
La sensibilidad en este contexto se refiere a la capacidad del padre/madre para detectar las señales del bebé que está intentando comunicar una necesidad. Cómo responda el padre/madre ante esa demanda va a determinar lo que en Psicología se conoce como apego seguro o inseguro, según Bowlby.
Imagina a «Popi», un bebé de 10 meses. Se asusta tremendamente al oír el estridente sonido de un taladro en el piso de arriba. Sin pensarlo dos veces, se dirige gateando hacia su madre con miedo en la mirada pero sin llorar. Ésta lo mira y reconoce en él la emoción que está sintiendo así que lo toma en brazos, lo abraza y le dice que no pasa nada.
Entre Popi y su mamá se está dando una comunicación. Si la madre percibe, comprende y satisface adecuadamente la necesidad (hacerle sentir protegido), con el tiempo Popi desarrollará un apego seguro. De lo contrario, desarrollará un apego inseguro.
Hay padres que perciben la demanda de una necesidad por parte de sus hijos pero no la atienden por el motivo que sea: porque no pueden, no saben o simplemente, no quieren. Por otro lado, también hay que tener en cuenta la experiencia interna del bebé. ¡Qué tema tan complejo! ¿Cierto?
La importancia de la inmediatez
A la hora de satisfacer la necesidad demandada es necesaria cierta inmediatez. Es decir, cuando el bebé comienza a comunicarse con sonidos y gestos o cuando llora, es necesario acudir a él lo antes posible. Será demasiado tarde si lo dejamos llorar 15 minutos, media hora...
¿Por qué es importante esta inmediatez? Porque para el bebé (y para cualquier persona) es frustrante comunicarse y no obtener respuesta. Dejar que el bebé llore durante largos periodos de tiempo les agota y les frustra. En esos momentos sus cuerpecitos se encuentran inundados de cortisol, la hormona del estrés, la cual suprime el sistema inmunológico. El tiempo que pasan llorando es tiempo perdido para explorar y aprender. Además, tener que lidiar con un llanto perforador de tímpanos es desagradable para cualquier adulto. Atender al niño con inmediatez solo puede traer ventajas.
La idea que los bebés interiorizan con esas experiencias de comunicación fallida es errónea. Aprenden que están solos, que el otro no les puede ayudar y que ellos no pueden ayudarse a sí mismos tampoco. Crecen con una sensación de inseguridad que les acompañará hasta la adultez.
¿Qué necesidades hay que cubrir?
Hasta ahora, en este artículo he hablado de «cubrir las necesidades del bebé»... ¿pero de qué necesidades hablo? Las necesidades fisiológicas básicas como alimento, higiene, etc., son obvias pero la base del apego son las necesidades psicoafectivas. Es más, diría que las necesidades psicoafectivas son tan importantes o más que las fisiológicas. Y me baso en un experimento realizado por Harlow con crías de mono Rhesus para afirmarlo:
En su experimento, Harlow creó unos muñecos a modo de madres sustitutas. Una de ellas era de alambre y tenía alimentos, la otra era de felpa y no tenía alimentos. Resultó que las crías preferían la madre de felpa incluso aunque ésta no tuviera alimentos que ofrecer.
Si la cría no es alimentada, obviamente muere pero, como vemos, priorizan el afecto por encima del alimento.
¿Es esto igual para el ser humano? Sí. En el siglo XIII el emperador romano y rey de Sicilia Federico II quiso saber qué idioma hablaría un bebé que no hubiera sido expuesto a la lengua del lugar. Organizó un grupo de bebés y ordenó a unas nodrizas que los alimentaran sin dirigirles la palabra en ningún momento. El experimento derivó en la muerte de todos los bebés.
La diferencia entre un apego seguro e inseguro está en la cobertura o no de las necesidades de afecto. Hay padres presentes pero emocionalmente ausentes, es decir, a sus hijos no les falta nada pero no les dan el afecto que ellos necesitan.
¿Quién puede cubrir esas necesidades?
Si bien es cierto que la figura de apego puede ser cualquier persona, los bebés muestran en la mayoría de los casos una clara preferencia por la madre. Se piensa que debido a la conexión intrauterina previa al nacimiento.
Así, la persona especial para el niño puede ser el padre, la madre, una tía, una abuela, etc. Igualmente, no tiene que ser una única persona sino que pueden ser dos o más.
Los tipos de apego
Hablaba anteriormente que existen dos tipos de apego según Bowlby: apego seguro y apego inseguro. Los tipos de apego inseguro se determinaron en base a los resultados de un experimento llamado «La Situación Extraña» llevado a cabo por Mary Ainsworth, estudiante de Bowlby.
Apego seguro: se desarrolla cuando el niño es atendido con inmediatez en la mayoría de las ocasiones en las que éste demanda afecto. Digo «la mayoría» porque es imposible atender al niño inmediatamente el 100% de las veces. Si el niño tiene la certeza de que su figura de apego está disponible, se sentirá seguro para interactuar con su medio físico. Este niño interioriza que el mundo es un lugar seguro y agradable, habitado por personas con las que puede contar y a las que aproximarse en caso de necesitar ayuda.
Apego inseguro: se desarrolla cuando el niño no es atendido con inmediatez (o no es atendido en absoluto) en la mayoría de las ocasiones en las que demanda afecto. Puesto que el apego no es opcional, el niño no puede evitar la necesidad de aproximarse a su cuidador para sentirse seguro. Se adaptará a la personalidad de él aunque ello suponga censurarse a sí mismo. El niño pondrá en marcha un mecanismo de defensa que determinará su tipo de apego inseguro:
Ansioso / Ambivalente: la madre es sensible a las demandas del niño solo en ocasiones, es decir, a veces le atiende y a veces no o tarda demasiado. El resultado es un niño inseguro, ansioso, que no sabe cuándo va a ser atendido. Ha aprendido que tiene que llorar insistentemente hasta que lo vengan a atender. Está más pendiente de su figura de apego (para que no se le pierda de vista) que de interactuar con su medio. Ante una separación el niño reacciona llorando de forma exagerada. El reencuentro no lo libera de la angustia y/o el enfado.
Evitativo: la madre rechaza verbal y físicamente las demandas de afecto del niño. El resultado es un niño elusivo, «independiente», que sabe que no le van a atender o le van a rechazar. Ha aprendido que para mantener a su madre cerca, tiene que reprimir sus emociones y tiene que valerse por sí mismo aunque le aterre. En este caso, el niño está más pendiente de su entorno que de su madre, llegando incluso a ignorarla y/o rechazarla. Ante una separación reacciona con aparente indiferencia hacia la madre. Ante el reencuentro, la evita.
Desorganizado: la madre maltrata o abusa del niño aunque también se da este tipo de apego en niños cuyas madres no maltratan sino que se retraen físicamente ante las demandas de afecto. El resultado es un niño que no sabe si acercarse o alejarse. Su figura de apego le da miedo pero a la vez es su única fuente de seguridad, así que se disocia de sus emociones, deja de sentir. Ante una separación puede reaccionar con ansiedad o indiferencia. Ante el reencuentro muestra conductas inexplicables como lanzarse al suelo o permanecer inmóvil.
Los tipos de apego en la adultez
Ya hemos visto cómo desarrollan los niños su estilo de apego. En un principio, éste gira entorno a los padres pero de adultos se extiende hacia la pareja, los amigos, compañeros de trabajo, etc. ¿Cómo son estos niños en la adultez y cómo son sus relaciones?
De adultos, las personas con apego seguro son capaces de mantener relaciones equilibradas con los demás, donde prime la cercanía, la confianza y una adecuada comunicación de las emociones. Un adulto seguro estará cómodo con el contacto físico, será capaz de expresar sus emociones, confiará en sí mismo y se abrirá a los demás.
Por su parte, el adulto con apego inseguro ansioso vive preocupado por la más mínima señal que amenace con la pérdida de la persona amada, de un amigo, etc. Reacciona de forma dramática pero es incapaz de expresar sus emociones eficazmente. En resumen, son personas que asfixian.
«Patri» se asoma secretamente a la ventana a espiar a su novio mientras éste habla con la vecina. Aunque nunca le ha dado motivos para desconfiar, no puede evitar sentirse amenazada por toda mujer que se le acerque. Cuando su novio regresa, «Patri» necesita corroborar que él no siente nada por su vecina, así que conversan y todo queda aclarado.
A la mañana siguiente, «Patri» espera impaciente el mensaje que su novio le envía cada mañana para confirmarle que ha llegado bien al trabajo. Tarda más de lo normal pero al final llega. «Patri» no puede concentrarse en el trabajo pensando en los motivos por los que ese mensaje ha llegado más tarde hoy. Quizá se ha visto secretamente con alguna mujer... Quizá la discusión de anoche sentó las bases para una posible ruptura...
La persona con apego inseguro evitativo es muy autosuficiente y se siente orgullosa de ello. Es por esto que tiende a mirar a los demás con cierta superioridad pero en realidad vive reprimiendo sus emociones constantemente. Piensa que abrirse demasiado es mostrar debilidad y depender de los demás. Le aterra perder su autonomía y espacio y se siente invadido cuando alguien entra en su esfera íntima. Aunque las personas con este tipo de apego huyen del compromiso, también necesitan el afecto de los demás. En resumen, son personas que se sienten asfixiadas.
«Miguel» es el novio de «Rosa». Bueno, «Rosa» dice que son novios pero «Miguel» aclara que entre ellos no hay nada serio. Llevan saliendo 4 años. «Rosa» lo tiene claro... «Miguel» no tanto. «Rosa» no sabe qué pensar, por un lado siente que «Miguel» está feliz en la relación pero por otro lado, reconoce que se agobia de vez en cuando. Una tarde de cena romántica en un restaurante, «Rosa» decidió dar el paso y decirle «te quiero» a «Miguel». Él se puso muy nervioso y tras la velada, no volvieron a verse en una semana. «Miguel» declara que se siente incómodo cuando «Rosa» se pone excesivamente «acaramelada».
Por último, el adulto con apego inseguro desorganizado presenta muchas dificultades para identificar y expresar sus emociones, así como para entender las emociones de los demás. Le falta empatía, actúa con agresividad y espera agresividad a cambio. No se sabe a qué atenerse con él/ella pues se trata de una persona inestable e impredecible que vive obsesionada con el abandono pero que a la vez se resiste a la conexión emocional.
«Juri» está saliendo con «Anna». «Juri» tiene miedo de perderla y la sigue a todos lados. La lleva en coche a la universidad, la recoge... Apenas le deja tiempo para salir con sus amigas. «Anna» se agobia e intenta aclarar el tema con él, así que se sientan a hablar y él estalla dejándola con la palabra en la boca. Llega a casa abrumado. «Anna» considera que su conducta está fuera de lugar; simplemente quería solucionar el problema y llegar a un acuerdo con «Juri» pero éste no la ha dejado. Al rato, la llama por teléfono y apalabran quedar nuevamente para hablar. Una vez juntos, «Juri» quiere dejar la relación. No es la primera vez que cortan.
La importancia de un apego seguro
Como hemos visto a lo largo de esta publicación, el estilo de apego adquirido durante nuestra infancia es decisivo para las relaciones futuras. Somos seres profundamente sociales. Necesitamos del otro y para que una relación funcione, es necesario un equilibrio emocional entre ambas partes. Si ese equilibrio no se da, va a surgir el conflicto. Nos pesa no poder comunicarnos adecuadamente con el otro, no sentirnos comprendidos, no ir en la misma dirección emocional. Y esto se traduce en malestar. Sufrimiento.
El apego no es estático. Podemos desarrollar diferentes estilos de apego según la persona con la que nos relacionamos o trasladarnos de un estilo a otro con el paso del tiempo. Con esto quiero decir que afortunadamente el apego inseguro tiene solución. La terapia aquí se centra en la construcción de relaciones seguras por medio de la validación y regulación emocional, así como en la sanación de las heridas y traumas acarreados desde la infancia.
¿Reconoces en ti alguno de estos apegos? ¿Te gustaría saber qué estilo de apego has desarrollado? ¿Necesitas más información? Echa un vistazo al material que he preparado para ti. Descarga a través de este enlace una breve guía gratis con preguntas para hacerte una idea de cuál podría ser tu estilo de apego y cómo comenzar a trabajarlo pero recuerda que es solo una guía, nunca un sustituto de la terapia psicológica.
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.