Los celos pueden aparecer cuando sentimos que una relación importante está amenazada por la presencia de una tercera persona. Pero ¿significan siempre que amamos más?
Los celos: ¿amor, miedo o inseguridad?
Imagina esta situación:
Estás con tu pareja en una fiesta. De repente, se acerca una persona que no conoces y comienza a hablar fervorosamente con tu pareja. Sin saber muy bien por qué, algo dentro de ti cambia y empiezas a pensar:
—¿Quién es?
—¿Por qué hablan con tanta confianza?
—¿De qué se conocen?
—¿Y si a mi pareja le gusta?
—¿Y si acaba dejándome por ella?
Lo curioso es que, objetivamente, no ha ocurrido prácticamente nada. Dos personas hablando de un tema que, aparentemente, a ambos les apasiona. Nada más. Sin embargo, dentro de mí sí ha ocurrido algo. Ha aparecido una amenaza. O, mejor dicho, la percepción de una amenaza.
¿Alguna vez has sentido miedo de perder a alguien cuando apareció otra persona?
¿Te ha molestado que tu pareja prestara demasiada atención a alguien?
¿Has sentido celos de un amigo?
¿Has pensado alguna vez que tus padres quieren más a tu hermano?
¿O que tu mejor amiga tiene ahora otra amistad que podría sustituirte?
Esto son los celos. Y hoy vamos a hablar justamente de eso. De qué son, por qué aparecen, qué tienen que ver con el miedo, con nuestra propia valoración y también con la relación que tenemos con la otra persona.
¿Te parece un tema interesante? ¿Me acompañas?
¿Qué son realmente los celos?
Quizá pensamos inmediatamente en los celos dentro de la pareja, pero los celos no aparecen únicamente en las relaciones románticas.
La investigación los ha estudiado también en relaciones entre hermanos, amistades y otros vínculos importantes. Porque en el fondo hay algo común:
Una relación que valoramos y sentimos que puede estar amenazada por la presencia de una tercera persona.
Podríamos definir los celos como una experiencia emocional compleja (una emoción) que aparece cuando percibimos que una relación que valoramos está amenazada por una tercera persona, real o imaginada.
Entonces, los celos son una experiencia compleja que incluye tres componentes: pensamientos, emociones y conductas.
Pensamientos como: “quizá le gusta más que yo.” “Me va a dejar.” “Seguro que entre ellos hay algo.”
Emociones como miedo, tristeza, ansiedad, rabia, frustración, vergüenza o inseguridad.
Y conductas como preguntar constantemente, buscar información, vigilar, comparar, discutir o intentar controlar la situación.
Entonces, cuando siento celos puedo también sentir miedo a perder a una persona querida; puede haber tristeza por sentirme desplazado/a; puede haber rabia hacia la pareja o hacia esa tercera persona; vergüenza acerca de lo que pensarán de mí; envidia porque percibo que esa tercera persona tiene algo que yo no tengo...
Y una idea interesante que me gustaría señalar: los celos no aparecen porque necesariamente estemos perdiendo a alguien. Aparecen cuando percibimos que podríamos perderlo. La amenaza puede ser real. Pero también puede ser imaginaria.
Mitos acerca de los celos
Existen una serie de mitos o pensamientos muy arraigados acerca de los celos que los romantizan y pueden hacer que normalicemos comportamientos que, en realidad, son disfuncionales.
Si mi pareja tiene celos es porque me quiere
Este es uno de los grandes mitos alrededor de los celos. “Si tiene celos de otras personas, es porque me quiere.” “Si no tiene celos, es que no le importo.” “Los celos son una prueba de amor.”
Pues no.
Los celos pueden aparecer precisamente porque una relación nos importa. La investigación los relaciona con la percepción de amenaza hacia un vínculo que valoramos. Pero de ahí no podemos concluir que los celos sean una medida del amor. El amor y los celos pueden coexistir, pero una cosa no mide automáticamente la otra.
Él / Ella me pertenece
Otro mito es pensar que la persona amada nos pertenece. Y esta idea puede también provocar celos e, incluso, llegar a ser algo peligrosa.
Pensamientos como: “Es mi pareja”, “es mi persona”, “es mi amigo” puede hacernos sentir que tenemos cierto derecho sobre esa persona. Pero las personas nunca son posesiones y nuestra pareja puede elegir estar con nosotros o no.
Y cuidado con este tipo de pensamiento porque puede llevarnos a actuar de forma violenta hacia la pareja...
Aquí quiero hacer una pequeña aclaración: no se trata de dejar de decir “mi pareja”, “mi madre” o “mi amigo”. En estos casos, el “mi” simplemente describe una relación. De lo que tenemos que tener cuidado es de cuando ese lenguaje se convierte en una idea de posesión o de derecho sobre la otra persona.
Tengo que serlo todo para ti
Existe otra idea que puede alimentar muchísimo los celos: “Yo debería ser suficiente para él/ella en todo.” “Debería ser su mejor amiga, su persona favorita, su mejor compañía, su mayor apoyo…” “Si necesita algo que yo no puedo darle, significa que no soy suficiente.”
Pero esto es imposible. Una pareja no puede cubrir absolutamente todas las necesidades psicológicas, sociales y emocionales de una persona. Necesitamos amigos, familia, intereses propios, espacios individuales...
¿Celos buenos y celos malos?
Te pongo en situación:
Tu pareja conversa largo rato con otra mujer.
Tú interpretas y piensas: “Quién es esa mujer que lleva tanto rato hablando con mi pareja... Seguro que se gustan.” “Quizá tienen algo a escondidas.” “Ella es muy guapa, es más atractiva que yo.” “Si le gusta ella, mi pareja podría dejarme.”
Entonces sientes miedo, inseguridad, tristeza, rabia... Celos.
Cuando la conversación termina, comienzas a preguntarle a tu pareja: “¿Quién era esa?” “¿De qué la conoces?” “¿Desde cuándo sois amigos?” Después miras sus redes sociales. Quizá compruebes cuándo fue la última vez que se conectó. Quizá busques conversaciones en su móvil...
Como consecuencia de todas estas conductas puedes sentirte tranquila durante unos minutos. "Estoy haciendo esto para protegerme". He conseguido información. He comprobado algo. He reducido la incertidumbre a fin de cuentas.
Pero quizá mi pareja empiece a sentirse vigilada. Enfados. Distancia... Entonces yo interpreto ese distanciamiento como una confirmación de que algo estaba realmente pasando entre ellos dos y los celos aumentan.
De acuerdo, mi reacción no ha sido la más adecuada... ¿O sí? ¿Cómo tengo que actuar cuando siento celos?
Para responder a esas preguntas, antes hay que aprender que no existen los celos buenos o malos. Existen los celos. Cuando aparecen, lo hacen para traernos un mensaje. Son como una alarma. Nos vienen a decir que tenemos miedo de perder a una persona querida como acción de una tercera persona. Percibimos que esa tercera persona tiene algo que nosotros no y tememos ser abandonados por ello.
En sí, los celos no son malos, nos traen información valiosa. Cómo actúes tú en concecuencia, es lo que marca la diferencia entre los "celos buenos" y los "celos malos".
Como en el ejemplo anterior, vigilar o comprobar mensajes es algo que viola la privacidad de la otra persona. Además, esto nos lleva a sentirnos bien a corto plazo...
Entonces, ¿qué hago cuando siento celos? Antes de actuar, necesito preguntarme qué está ocurriendo realmente: ¿existe una amenaza concreta para mi relación o estoy interpretando como amenaza algo que no lo es?
Cuando los celos se convierten en un problema
Imaginemos dos situaciones.
Primera: veo a mi pareja besándose apasionadamente con otra persona.
Segunda: veo a mi pareja saludar desde lejos a una compañera de trabajo.
La segunda situación contiene mucha menos información sobre una posible amenaza romántica que la primera.
Aquí Norberto Levy propone una idea que me parece especialmente interesante: cuanto menor es el estímulo que desencadena los celos y mayor es la intensidad y destructividad de la reacción, más problemática se vuelve la respuesta celosa.
Por ejemplo, si ante la segunda situación yo siento una angustia enorme, paso horas pensando en ello, le exijo explicaciones a mi pareja, reviso su teléfono y terminamos discutiendo durante horas... El problema ya no está solamente en el saludo a esa compañera de trabajo, sino que está en la desproporción entre lo que ha ocurrido y mi reacción.
La siguiente pregunta que estaría bien hacerse sería:
¿Son celos míos o resultado de esta relación?
Hagamos una distinción práctica:
¿Estos celos aparecen principalmente por algo que ocurre dentro de mí o por algo que está ocurriendo en esta relación concreta?
Por ejemplo, imagina que desde que tienes memoria has sentido celos en prácticamente todas tus relaciones. Ya sea con parejas anteriores, con amigos o incluso familiares.
Te cuesta tolerar que las personas que quieres tengan otros vínculos. Necesitas saber constantemente dónde están. Te cuesta controlar las preocupaciones...
En ese caso tiene sentido preguntarte: “¿Qué está pasando conmigo?”
Quizá exista inseguridad, miedo al abandono, baja autoestima, dificultades para tolerar la incertidumbre o quizá debamos echar un vistazo a las experiencias de apego de nuestra infancia.
Pero existe otra posibilidad. Quizá tú no hayas sido especialmente celoso en otras relaciones, sin embargo, en esta relación estás constantemente inseguro. Tu pareja es muy ambigua contigo, rompe acuerdos, coquetea con otras personas, desaparece durante días o no comunica claramente qué quiere de la relación.
En ese caso tenemos que mirar por qué la relación está generando inseguridad, aprender a comunicar qué necesitas y valorar si esas necesidades están siendo escuchadas.
Esto nos lleva a la siguiente pregunta:
¿Qué hacemos con los celos?
Lo primero, reconocerlos. Y aunque parece obvio y sencillo, no lo es. Pasar de un "esa persona va detrás de ti" a un “tengo miedo de no ser suficiente para ti. Estoy celoso” puede hacernos sentir vulnerables. Especialmente porque los celos son una emoción que solemos juzgar en nuestra sociedad.
Lo segundo es preguntarnos de dónde vienen. ¿Me ocurre habitualmente, por ejemplo, en relaciones anteriores? ¿Me pasa con amigos? ¿Me pasa con mis hermanos? ¿O ha aparecido exclusivamente con esta persona y en esta relación?
Tercero: pasar a la acción. Si identifico que mis celos tienen principalmente que ver con mis propias inseguridades, será importante mirar hacia dentro y trabajar en aquello que me hace dudar de mi propio valor y de mi capacidad para sentirme querida y segura. Si, en cambio, descubro que los celos aparecen como respuesta a determinadas dinámicas de la relación, entonces será necesario mirar hacia la pareja, identificar qué necesito para sentirme segura y aprender a comunicarlo de forma clara, respetando al mismo tiempo la libertad y los límites de la otra persona. Ojo: la comunicación no consiste en conseguir que el otro renuncie a su libertad para que yo pueda sentirme seguro.
Vamos a profundizar un poco más en todo esto a través de algunas preguntas prácticas. Así que, si lo deseas, coge papel y lápiz, busca un momento tranquilo y vamos allá.
Cuando los celos son principalmente míos…
Responde con sinceridad a las siguientes preguntas.
¿Qué es exactamente lo que temo perder? ¿A mi pareja? ¿Su amor? ¿Su atención? ¿Su deseo? ¿Su admiración? ¿Su compañía? La respuesta puede darnos una pista muy valiosa sobre qué necesidad se esconde detrás de estos celos y sobre cuánto estamos haciendo depender esa necesidad exclusivamente de esa persona.
¿Cuándo aparecen con más fuerza mis celos? ¿Qué situaciones los desencadenan? ¿Hay algún patrón?
¿Qué características tienen las personas que despiertan mis celos? ¿Qué creo que tienen ellas que yo siento que me falta? ¿Es más atractiva? ¿Más divertida? ¿Más inteligente? ¿Más interesante? ¿Más segura? ¿Más sociable? La respuesta puede darte una pista muy valiosa sobre qué parte de ti estás comparando, qué estás desvalorizando, qué te gustaría trabajar más en profundidad o qué necesitas aprender a aceptar. Norberto Levy plantea que tendemos a sentir más celos precisamente en aquellas áreas en las que nosotros mismos nos sentimos más inseguros. Por ejemplo: si yo siento que no soy suficientemente atractiva, quizá me afecte especialmente una mujer a la que considero muy atractiva. Si siento que no soy divertida, quizá me moleste especialmente que mi pareja conecte con alguien que considero muy divertido. Si siento que no soy inteligente, quizá me compare con alguien que considero intelectualmente superior, que tenga más estudios, etc.
Cuando los celos son circunstanciales…
Si has llegado a la conclusión de que tus celos no aparecen tanto por una inseguridad propia, sino que están relacionados con determinadas dinámicas de tu relación, vamos a intentar comprender qué necesitas de la relación para sentirte segura/o y cómo puedes comunicarlo respetando, al mismo tiempo, las necesidades y la libertad de la otra persona.
¿Qué está ocurriendo en nuestra relación que está haciendo que me sienta inseguro/a? ¿Hay algo concreto que haya cambiado? ¿Hay comportamientos que me generan dudas o desconfianza?
¿Qué necesito de mi pareja para sentirme más seguro/a dentro de esta relación? ¿Más comunicación? ¿Más afecto? ¿Más claridad sobre lo que somos? ¿Más tiempo juntos? ¿Más coherencia entre lo que dice y lo que hace?
¿Se lo he comunicado claramente? ¿O espero que mi pareja lo intuya y me enfado cuando no lo hace? ¿Qué necesitaría pedirle concretamente? Intenta transformar el “necesito que cambies” en algo que puedas expresar desde ti: “Cuando ocurre esto, me siento así y necesitaría esto otro”.
¿Estoy pidiendo una necesidad o imponiendo una restricción? No es lo mismo decir “necesito sentir que nuestra relación es una prioridad para ti” que “no quiero que tengas esa amistad”.
¿Qué necesita mi pareja? Porque comunicar mis necesidades no significa que todas tengan que ser aceptadas exactamente como yo las planteo. La otra persona también tiene necesidades, límites, amistades, espacios y libertad.
¿Qué podemos acordar los dos? ¿Qué límites queremos establecer en nuestra relación? ¿Qué entendemos por respeto, fidelidad, intimidad o compromiso?
¿Y bien? ¿Cómo ha ido?
Conclusión
Sentir celos es humano. Cuando sientas celos, tómalos como una alarma a la que prestar atención. En lugar de preguntarte "¿Quién es esa persona?", prueba responder a "¿Qué historia me estoy contando?". "¿De qué va esa historia?". "¿Tiene que ver conmigo?". "¿O tiene que ver con algo que está ocurriendo en mi relación?". Y comienza a moldear desde ahí.
Te mando un abrazo muy fuerte.
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.